lunes, 9 de mayo de 2016

Arte y humanidades, Ingenieros y arquitectos

   Hoy es el titular del periódico en primera página, a cinco columnas, con la impresión de ponderar las dos primeras realidades. esto no sería malo si los resultados de las otras dos fueran aceptables y las primeras sobresalientes. pero no es el caso. La verdad resulta mucho más pedestre y desoladora, lo que me recuerda una de mis muchas controversias en periódicos y otros medios de comunicación. Decía un adagio popular universitario hace ya muchos años: "El que no sirve para otra cosa,se matricula en Letras y, con poco esfuerzo, acaba la carrera".
  Algo de verdad hay en ello. ^Por una parte y durante mucho tiempo, las Facultades de letras (Humanidades hoy, porque hay que cambiar la nomenclatura cada vez con palabras más huecas, informes y vacías) estuvieron llenas de chicas, una mayoría de las cuales abandonaban las aulas en cuanto encontraban pretendiente adecuado. También había muchos clérigos, pues sus colegios necesitaban determinado número de licenciados. Y un tercer grupo, los escritores en ciernes, las poetisas y otras especies de bohemios que preferían la noche a las aulas.  Pasaron los lustros y algo parece haber cambiado para que todo siga igual, basta observar estadísticas y otras matemáticas más abstrusas.
  POR OTRA PARTE, LOS NIVELES DE EXIGENCIA, ESTUDIO Y SABER ANDAN POR LOS SUELOS.   BOLONIA ENTRETIENE,  LOS PADRES SE DESPREOCUPAN,  LOS ESTUDIANTES ENCUENTRAN OTRAS ACTIVIDADES MÁS REMUNERADORAS.  Y UNA NOTABLE CANTIDAD DE PROFESORES, MUCHOS IMPROVISADOS,  DEJAN BASTANTE QUE DESEAR.
  De todo esto no tienen la culpa ni padres, ni estudiantes, ni profesores. El sistema, sí.  Pero los que mandan (gobernar es otra cosa) han ofrecido a los jóvenes universitarios el viejo apotegma latino:  "Video meliora, provoque, peiora sequor".  Siguen lo peor, porque son avispados e indolentes. Se les permite y acepta. No son santos ni sacrificados. ¿Qué van a hacer, entonces? Pues lo que hacen.
   Cierro con el titular. ¿Supone que esta tierra está especialmente dotada para las humanidades y el arte? Aquí Taine y su determinismo tendría mucho que decir. Si humanidades significa no confundir mucho a Shakespeare con Cervantes, pero ignorar quién fuera Chaucer o Racine , entonces vale. Si el arte supone que Velázquez y Rembrandt noeran del mismo país, pero no distinguen bien la nacionalidad de Tiépolo y  La Tour, entonces también.
  pero en tal caso, con una escuela de oficios, a la antigua usanza, bastaba. Y reduzcanse las Facultades a la décima parte, bien dotadas, para recibir a la exigua cantidad de buenos estudiantes que tienen derecho a buenos profesores, buenas aulas y pequeños grupos de estudiantes para que la tarea, y la riqueza múltiple, se cumplan bien.

sábado, 7 de mayo de 2016

Historia malhadada de un gran Archivo

   El ahora Catedrático Emérito de Literatura Hispanoamericana, estudiaba por aquellas calendas cuarto curso de Filología Románica en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia. Imaginen la situación, año 1962, ciudad provinciana y bastante agrícola, casi todo por hacer, casi todo detenido por por de las circunstancias sociopolíticas, todo muy vigilado, muy pocos estudiantes en la Facultad, escasas manifestaciones culturales (algunas actuaciones flamencas, perdidos conciertos extraños, un ciclo de cine dedicado al neorrealismo italiano, un poco desnortado el conjunto) con algunas excepciones dignas de recordación. Los Colegios Mayores
(masculinos, "Cardenal Belluga" y "Ruiz de Alda", nombres indicativos de la situación; femeninos  "Monjas Carmelitas" y "Monjas de Jesús María", no menos significativos) algo intentaban, si que con escaso eco y éxito más alla del constreñido SEU.
   En ese contexto, que dirían los cursis de ahora mismo, un buen día el futuro profesor recibió una sorprendente invitación: participar en una Mesa Redonda sobre la Universidad, presidida por el Catedrático de Filosofía del Derecho, doctor Mariano Hurtado. Se realizaría en al Colegio de las Carmelitas y se le invitaba por ser estudiante brillante, bien preparado y discreto, según decían sus maestros y las calificaciones de los académicos cursos.
  Aceptó complacido, sin sospechar que su intervención levantaría polémica y alguna bastante airada manifestación del público asistente, por otra parte universitarios todos, unos cuantos profesores y muchos estudiantes. Aquello resultaría premonitorio y un cierto estigma para el estudiante, motejado de "político" a partir de entonces, en el sentido no precisamente amable que el calificativo comportaba entonces, prolongado en cierta  medida hasta nuestros días. No hay que olvidar la frase del prócer: "Haga como yo, no se meta en política".
  Pues bien, allí comenzó a gestarse todo, el magno Archivo que llena estantes y cajas. Expliqué mi ponencia sobre la siguiente tesis: el estudiante es un trabajador más del Estado (ahora le llamaríamos funcionario), por lo que debe percibir un salario en función de resultados y calidad. !Hic Troia fuit!... Muchas propuestas. Hasta que llegó la de un Catedrático airado, cuyo nombre dejo en la penumbra: "¿Salario al estudiante, encima de que es un privilegiado poco trabajador, en general?".  No haré ningún comentario ahora.
  El caso es que aquello se recogió en un humilde programa y algunas notas a ciclostil, que conservo.  Repìto, allí comenzó la historia de doce mil amplios documentos archivados. Buen prolegómeno, sin duda, que auguraba los muchos y buenos cambios sobrevenidos con los años, hasta descubrir la democracia y vivir estos tiempos, pese a todo, mejores que los pasados.

jueves, 5 de mayo de 2016

Artistas y perros en la universidad, a vuelapluma

  En el mismo día, una doble experiencia contradictoria en mi Universidad.  Por la mañana, sorpresa en el claustro a mi regreso del paseo, a veces solitario, en primavera por la ciudad. Una exposición de perros fotografiados, con algunas consideraciones y textos dignos de mejor causa. Escribí en facebook a su propósito, donde apareció una vez más mi acrecentada (con la edad)  capacidad crítica, con expresiones cáusticas que no me gustaría emplear, pero que algunas circunstancias las provocan. En efecto ¿qué pinta un exposición canina de fotos en las paredes universitarias?
  A tal extremo de torpeza y estupidez hemos llegado, que tales asuntos parecen bien a muchos estudiantes, padres, profesores y autoridades (???) académicas. Machado: "!Qué difícil es, / cuando todo baja, /no bajar también!".  Si la vulgaridad y la chabacanería se adueñan de la sociedad, resulta oneroso luchar a la contra de las mareas humanas hambrientas de champions y otras lindezas. Ecología, lo llaman. Amor a la naturaleza, le dicen. Ahí lo dejo. El día en que aprendamos a colocar cada cosa en su sitio, cada libro en su estantería, mejor nos irá en la vida a todos, de manera especial a los ingenuos que no suelen ver más allá de su propia pituitaria.
  La otra experiencia, muy positiva y digna de reseña.  Exposición en el atrio de Paraninfo titulada "Pintores murcianos en la Facultad de Letras".  Estupendo. Todo meditado, programado y llevado a cabo con amor y dedicación  Nada de aparato ni ostentación. Han seleccionado bien las obras y los autores, desde los más antiguos a los más modernos, toda una galería representativa. Del blanco y negro a los brillantes colores de la modernidad informal, donde importa más la mancha de color que la línea y el dibujo.
  Todo muy propio, conveniente, incluso necesario. Y permitidme una elección emocional.  Miro y me quedo con dos carpetas de dibujos, de los pintores Ceferino  y  Carpe. Por los años en que las pintaron, yo residía en el Colegio Mayor, joven y bastante iconoclasta sin exagerar. Al mirarlas ahora,  me invade una cierta nostalgia, no exenta de añoranza. Tempus lenis...

 

martes, 3 de mayo de 2016

A vuelapluma, periódicos, revistas, libros...

  Todos los días, al regreso de mi paseo no solitario en primavera (poeta neoclásico al fondo), suelo hacer un pequeño alto en el camino, a la vista la fachada de la universidad, en una gran librería. Repaso los estantes, agarro algún pequeño enfado, de cuando en vez una pequeña alegría, algo de charla con el librero, quizá un saludo con los habituales viciosos de los libros. Cierro la puerta y enderezo mis pasos al despacho de tantos años.
  Suelo ir meditando sin profundidad y sonriendo al sol, la mucha edad me ha vuelto así, más comprensivo y menos insistentes. Ello no obstante, poca sonrisa esta mañana. No por nada interesante, sino porque iba recordando que todos los día leo los periódicos, paso a la ligera muchas páginas de revistas y suelo leer algunas páginas en la librería, aunque convencido abro los libros de que no habrá de gustarme la letra que los imprime, salvo el agradable olor a tinta que me continua encantando.
  !Cuánto desperdicio, cuánta desfachatez de los plumíferos, cuánto despilfarro de bosques que ninguna culpa tienen, que nunca dieron pábulo a su tala inclemente por parte de estos irredentos escribidores y sus cómplices crematísticos los editores desnortados que aaún consideran negocio imprimir una docenas de páginas, colocarles unas tapas y llamarle, pomposa e ignaramente, libro.
  Cuando paseo por esta ingente cantidad de páginas inanes o directamente embrutecedoras (con aplauso de los embrutecidos a la espera), recuerdo insistente las palabras de Flaubert, tantas veces comentadas: "Por un país desconocido". Pero  ¿qué ha dado en suceder a lo largo de estos últimos años?
  Insistiendo, hace poco escribía Vargas llosa a propósito de la prensa: "Tiempos infames para el periodismo y la cultura". Quizá un poco exagerado el adjetivo, pero razón al fondo y la forma.
  Alguna vez aún discuto para que no se confunda el folklore con la cultura, capítulos distintos, bien diferenciados, complementario en alguna medida, así como digno cada cual en el casillero y estatura que le corresponde.
  Pero cada vez hago más caso a la recomendación de Mark Twain, el de Tom y Huck, entrañables: "No discutas con un estúpido. Te hará descender a su nivel. Y en ese territorio te ganará siempre".


 

lunes, 2 de mayo de 2016

A vuelapluma, misa, centenario, banalidad

   Asisto a misa de doce en el monasterio de las Claras, que también tiene un museo aceptable. Una ochenta persona, casi todos mayores (eufemismo de viejos), algunos con misal a la antigua, sacerdote preconciliar, viejito y calmudo (¿qué habríamos de pedirle? Así está bien). Llegada que fue la comunión, casi todos al altar mayor. 
  Observo que todas las mujeres se cuelgan el bolso y lo llevan consigo al comulgatorio. Sorprendente. ¿Temen un robo de los asistentes, quizá que algún caco de fuera llegue justo en el momento adecuado para el hurto? 
  Regresan, cuelgan de nuevo el bolso y, con los ojos cerrados, llevan a cabo la acción de gracias. Algo está pasando en esta sociedad desnortada para que todo esto se vea con naturalidad.
  Avanzo en mi paseo matinal hasta llagar al claustro universitario. Lo de siempre: profesores en fuga, abrir y cerrar de puertas, el pozo del jardín central impávido, bastantes alumnos tomando el sol (mejor que asistir a las boloñesas clases, ya pagarán su dolce far niente) y algunos jugando al futbolín, instalada en el campus para las fiestas de Letras, con voces destempladas, exabruptos y gritos estentóreos dignos de la selva muchos años, se supone, abandonada.
  Al fín, accedo y subo la escalinata. Unas docenas de caras no conocidas taponan la puerta. La rubia conserje me dice: "Póngase, que van a hacer la foto del centenario". Un friso para el recuerdo, pues celebramos este año el centenario de Letras. La banalidad ofende. Aunque a mis años, medio siglo dando clase entre estas paredes, ya pocas cosas me pueden sorprender.
  Un joven profesor barbilampiño, sintiéndose obligado por educación, me pregunta: "Y tú ¿quién eres, das clase aquí? Yo soy profesor de inglés, encantado". 
  Le agradezco la deferencia, mientras los dos observamos al Decano, bastante joven (no es contradictio in términis) atraviesa corriendo el jardín camino de algún arreglo, quizá una reunión urgente.
  Que ya lo sé, aquí han faltado y faltan muchos libros.

sábado, 30 de abril de 2016

A vuelapluma, Doctorado honoris causa



  Ha sido la ceremonia esta mañana, en el Paraninfo de la Universidad, un profesor de Historia y Didáctica de la Historia, mezcla de dos Facultades que nunca debieron estar separadas, pues que no se puede explicar Historia (ni cualquier otra asignatura) sin hacerlo desde la perspectiva, también, de la Didáctica. esto lo sabían bien los profesores de las antiguas Escuelas del Magisterio, que unos analfabetos irredentos barrieron del mapa educativo por mor de la nomenclatura altisonante y, en general vacua, exigida por otros acomplejados. y también lo sabían los profesores de Historia en las Facultades de letras. 
  Yo tuve la suerte de graduarme en ambos centros. Buenos profesores en Magisterio (Albacete) y buenos profesores de Historia en Murcia. En aquellos tiempos ominosos, pero exigentes y fecundos por parte de los esforzados estudiantes (ojo al adjetivo), las asignaturas llevaban aparejados el marbete "y su didáctica" (Magisterio), así como en las Facultades, más especializadas, los historiadores  "debían" aplicar la propia didáctica (que algunos llamaban metodología pedagógica) si no querían dejar la Historia colgada de una alcayata en la pared.
  Todo eso y mucho más ha quedado en evidencia esta mañana, con el Paraninfo a tres cuartos de aforo poblado. Eso sí, con cuatro rectores y bastantes autoridades de diversos campos. Todavía con esta obsolescencia en la universidad.  !"Leoncitos a mi, y a estas horas!", que diría el gran manchego si a estos actos herrumbrosos, como las famosas lanzas medievales, asistiera. Todos parecían encantados de conocerse, algunos embutidos en el traje talar o académico, otros con pantalones vaqueros, quienes preguntando de qué iba aquello, y los pocos estudiantes de "Magisterio primaria" sorprendidos porque los jefes hablaran en latín.
 Para quienes lo ignoran, os diré lo que es y significa un Doctorado honoris causa.
  La Universidad está llena de profesores, ayudantes, adjuntos, colaboradores, catedráticos, eméritos, legión), pero no todos los que saben mucho están en la Universidad. De modo que, a cierta altura de los tiempos y las circunstancias, alguien se dio cuenta de que hay muchos "grandes" en lo suyo que, por causas en general burocráticas, no siguieron el camino universitario. Consecuencia: en atención a sus múchos méritos y sabiduría, era necesario incorporarlos a los Claustros, para que enseñaran mucho y bien, complementando la bien y mucho que enseñan los profesores ordinarios. Pongamos tres ejemplos: un gran pintor, un gran escritor, un gran pensador.
  Así comenzó la historia de los Doctores honoris causa. Muy buen comienzo. Nota a pie de página: doctor significa el culmen de la sabiduría académica. Prestigiada palabra a tal extremo, que una profesión elevadísima, la medicina, la tomó como genérico de todos sus profesionales. Continuaremos por estas trochas y veredas.




miércoles, 27 de abril de 2016

A vuelapluma, ideas y emociones

  "En eso se echa de ver, profesor, que usted ya no es joven. La pluma y sus variantes como símbolo y herramienta para la escritura. Se lo hemos dicho en ocasiones, usted no es viejo, sino antiguo". Siempre dispuesto al aprendizaje, la reconvención cervantina me produce halago doble: de una parte, aún estoy en disposición de aprender deleitando, es decir, sigo vivo por la vida; de otra, disponer de estos beneméritos alumnos que vienen al despacho, trabajan y alegran las mañanas con su joven y vocacional presencia.
  Cierto, la pluma para escribir. En algún momento añoraba la des aves, aquellas también cervantinas "bien cortadas péñolas, que tanto y tan bien escribía. Luego me llegó la de mojar en tintero, cuya mejor anécdota la viví en el examen de ingreso en Bachillerato: había que llevar al Instituto recado de escribir: tintero, pluma, lápiz y goma de borrar. Preciosa vivencia para el futuro y el porvenir que se haría histórico. A continuación, la pluma estilográfica, identificada con nuestra generación desde la niñez: poseer una era signo de distinción y orgullo infantil en el colegio que, referido a mí, tantas seducciones no sólo amorosas me propició.
  Suceden muchas cosas a diario, relacionadas con los libros o con las otras virtudes, que merecen y me sugieren comentarios, con los que llenaría mi espacio en face book, lo que no me apetece porque allí, diariamente, incorporo un texto teórico y otro de creación, para un círculo abierto que cada vez funciona mejor.
  En consecuencia, abro en este momento un apartado aquí para semejantes reflexiones o noticias. Y empiezo por lo que sucedió ayer en el Casino de Murcia. Una fiesta multicolor, de versos, música y danza. Cuatro poetisas (prefiero el término) leyeron sus versos, tan emocionantes, tan distintos, tan complementarios. Crearon un buen ambiente. Entre dos y dos, una bailarina cabal y buena concertista de castañuelas (durante mucho tiempo prefería llamarlas crótalos) interpretó una conocida pieza musical, sobre todo en el mundo del flamenco. 
  Leyeron las dos siguientes, muy bien también. Y para cerrar. la bailarina y un su discípulo con el síndrome de Down, interpretaron "La boda de Luis Alonso"  y el "Concierto de Aranjuez". Estupendo dúo.
  Estupenda noche,cerrada con el sorteo de varios libros. Me tocó uno (número 61 en la papeleta) y no deja de ser curioso: medio siglo leyendo y explicando libros para que, al final, se produzca este pleonasmo. Feliz por mi parte.
  Quizá hace unos años no habría asistido a la fiesta de la palabra en verso. Y, al enterarme, habría emitido juicios duros contra la situación. Hoy todo lo contrario. Unas beneméritas personas de cierta edad con todo entusiasmo dedican su tiempo e inspiración a estas escrituras. ¿Son grandes escritores? Pues no. ¿Y qué? Siempre que no pierdan el seso como Don Quijote, bienvenida sea su presencia y tarea. ¿Y los jóvenes poetas, no es posible que alguno escale grados de calidad con el tiempo? Pues claro que sí. Conclusión, cada vez los protejo y aliento más sin engañarlo. Y me siento muy a gusto entre sus trabajos y sus días.




viernes, 22 de abril de 2016

Libros gratuitos, buena medida.

  La profesora Liliana Tabacova, desde Bulgaria, destaca la noticia: para aprender inglés, van a ser distribuidos libros gratis. Me parece formidable. Y lo amplío, como ya tengo dicho miles de veces, y escrito algunas menos, pero muchas.
  Hay determinadas circunstancias y ocasiones en que los libros, or ley, deberían ser gratuitos para todas las personas que los van a utilizar en el trabajo diario. Y después, llevarlos a casa como merecido regalo por el favor que han hecho a la sociedad (y a ellos mismos) aprendiendo a leer y asimilando todo lo que la lectura propicia. El día en que los torpes, mediocres y avariciosos políticos lleguen a entender ésto, el mundo empezará a cambiar para mejor. Y es que, por sabido se calla, los políticos han llegado a ser como una plaga bíblica: irremediable y destructiva. A esto hemos llegado por no leer adecuadamente a Platón y Aristóteles, por no regalarles los citados libros cuando eran niños y, por lo mismo, evitar que los tuvieran en los anaqueles de su casa, por si en algún momento pudieren haber tropezado con ellos. Falta de previsión educativa que algún día se remediará.
  Volvamos al carril, para indicar dos de las necesidades gratuitas: la enseñanza primaria y el bachillerato. Así de claro, sencillo y contundente. Puede hacerse y es necesario que se haga. Aunque sólo fuera por razones económicas: el ahorro en armas  sería tal, que bien aplicados esos dineros erradicarían el hambre sobre la tierra. Ruego a los economistas conservadores que hagan las cuentas y den los resultados, para empezar, a los propios políticos conservadores, que a los otros menos renuentes ya les llegará el turno, pero primero los recalcitrantes.
  Ha leído usted bien. Libros gratis para todos los niños pequeños (sic, anda que los modernos psicólogos behavioristas están buenos) que pueblan nuestras escuelas: escuela, sin eufemismos de colegio y sus adjetivaciones distractivas y engañosas. Con una aclaración previa: serían muy pocos libros "los de estudio" y algunos más los de lectura, nada de esas bochornosas mochilas rompedoras de columnas vertebrales. Y unos pocos cuadernos diarios, con algunos lápices y dos bolígrafos de material duro y buena escritura. Por supuesto nada de electrónica en las  "de aprender lo básico",siempre doloroso y con esfuerzo, pues que las tablets y similares ya se encargan ellos de buscarlos y aprender  a ser mecanicistas y bobos ante una pantalla, manipulables desde cualquier instancia de poder establecido.
  En esta etapa, los niños aprenden lengua (nombres sobre todo) para conocer el mundo. Y matemáticas, para medir con exactitud ese mundo al que salen sorprendidos. ¿Entienden lo que quiero decir?
  Después llega la etapa de bachillerato, hasta los 17 años más o menos. Con el bagaje cultural cumulado, ya están en disposición de las abstracciones, capacidad para organizar el mundo en ciencias y letras (simplicidad de fórmula cuasi maniquea, para entendernos), acceso al arte y organización de su propia estadía en la tierra. Aprenden a pensar, a razonar, a utilizar el cerebro como conviene, reservando a las emociones el lugar que les corresponde, sin exagerar ni desvirtuar la realidad propia y ajena,adquiriendo poco a poco la idea y praxis de lo social, porque el hombre es un ser social por naturaleza. La filosofía, la ciencia, la tecnología y la creación sustentan el aprendizaje en esta etapa fundamental. Y los libros constituyen una de las piedras filosofales de la edad en que se adueñan del universo, y aprender a someter las hormonas camino del equilibrio: sin marginarlas ni concederles más importancia de la que tienen. Instinto y razón en proporción humana. 
  Los libros en la universidad son otro cantar bien distinto. pero en la niñez y adolescencia (primaria y bachiller) deberían ser todos gratuitos. Empezando por las bien dotadas de los centros de estudio. Y terminando por la biblioteca particular de cada niño y cada joven preuniversitario. Una inversión que,de llevarse a cabo, reservaría ingentes cantidades de dinero para otras actividades hoy abandonadas. Es cuestión de verlo y aceptarlo. pero claro, con unos cernícalos (sentido etimológico y de zoología) como los que tenemos al frente de ayuntamientos, regiones, nación, sindicatos y agrupaciones de ricos (léase empresrios, !qué fino y delicado!), bien poco se puede hacer, más allá por la lucha encarnizada por el pírrico poder que unos alcanzan y otros pierden. Pero igualmente claro, si están ahí es porque los hemos elegido. Y alguna responsabilidad tendremos en este desgobierno de todos nuestros pecados. Y pese a todo, insisto, libros frente a barbarie, plebeyez y plaza pública de gritos aplastando a las palabras.  Hay que recordar la frase antigua, tan sonora como vigente: Luz y progreso, frente a barbarie y oscurantismo.