martes, 12 de abril de 2016

Si el prior juega a las cartas ¿qué hará la comunidad?


 Recordad que os prometí volver al blog con más frecuencia. ya véis que lo intento cumplir, aún sin abandonar la más ligera escritura de face book, pues que ambas formas pueden y deben armonizarse de modo complementario.
 Recibo información diaria y compruebo que la corrupción se ha convertido en deleznable pandemia a la que no podemos, o no sabemos, aplicar terapia para su erradicación. Muy mal está que existan los corruptos; mucho peor, que campen por sus respetos y a sus anchas por calles y plazas, impunes la mayoría porque las leyes las han hecho los mismos corruptos, cuando aún no lo eran pero lo pensaban,coincidiendo con los que ya dominaban el juego, que las generaciones también están para esto, para heredarse  sucesivamente y cuidar del negocio y la ocultación. No hay que esperar leyes que barran la corrupción, por tanto.
   Porque si los jerifaltes de antaño, y hogaño, quisieran limpiar el paisaje, la fórmula es sencilla: nómbrese una comisión de incorruptibles (que los hay, solo que silenciados y marginados), recábese toda la información de todos los paraísos fiscales y en seis meses se habrán logrado dos cosas: todos los corruptos en la cárcel y todos los paraísos fiscales cerrados, porque ya no habrá posibilidad de un cliente más.
  Ahora bien ¿quién pondrá el cascabel al gato, según reza la conocida fábula?. También fácil, si colectivamente se quiere. Los millones de ciudadanos honestos (hay que suponer que la mayoría lo son) deben salir a la calle sin alharacas ni otras parafernalias igualmente fariseas, y decir: se terminó la fiesta de los corruptos, pues que nosotros no lo somos y estamos decididos a terminar con las trampas saduceas. Primero, votaremos unicamente a los que se presenten y aún no nos hayan engañado, mentido y saqueado. Y al primer tropiezo de los nuevos, todos a la calle porque se van a presentar, para ser elegidos, los ciudadanos honrados que ahora dormitan en sus casas.
  Tampoco hay que olvidar esto: si la prostitución existe se debe a quienes pagan, nada más. Una educación sexual oportuna y nadir dispuesto a pagar, acaban con ella. El resto de la corrupción, exactamente igual. Ahora bien, si el común de los mortales habla pero no actúa, incluso admite que llegado el momento... No vaya a suceder que critiquemos lo que, a lo peor, podríamos hacer llagado el caso. Que la capacidad para justificar en uno propio lo que negamos en los demás, es proverbial. Sabido es que el corrupto encuentra más "razones" que el honrado, para su defensa.
  Hay que afrontar la realidad y que cada palo aguante su vela. Pero ¿qué tiene que ver esto con los libros? Pues todo, amigos. Los libros siguen siendo la base de la educación. Y la educación es la plataforma que arrasa todo tipo de corruptelas, de las elementales a las trágicas. Pero cuando alguien dice: "Es un niño, no hay que culpabilizarlo porque le haya dado una mala contestación al maestro". Justo en ese momento estamos poniendo las bases de la corrupción, que no tardará en llegar.  Un gran intelectual escribió: "Para alguien que ha leído a Dickens, le resultará mucho más difícil disparar a un semejante".  Pues eso, leer mucho y bien. y cuando eso suceda, se cumplirán todos los derechos humanos sin que nadie tenga que recordar.


lunes, 11 de abril de 2016

Escribir en los periódicos, todavía es llorar.


   Si Larra levantara la cabeza, completamente avergonzado, la volvería a ocultar de manera irremisible. El inventó el periodismo moderno, que supone tres cosas elementales, si que difíciles de lograr a lo que se ve. Una, capacidad de pensamiento,sentimiento y solidaridad. Dos, preparación adecuada (estudio) para saber escribir y hacerlo en todas las secciones y registros del periódico. Tres, deseo irrefrenable de comunicar con los lectores. Todo ello, sin cortapisas ni concesiones cómplices a la mediocridad reinante, porque el periódico debe exigir a los lectores un mínimo de comprensión preparada, ya que sus páginas no son reducto de escuela primaria para enseñar las primeras letras y las cuatro reglas.
   Todo esto, elemental, se ha sabido de siempre. y se ha actuado en consecuencia. Hoy se desconoce. Y si al la ignorancia de directivos y, gestores y empresarios, unimos las nuevas tecnologías, el fin del periodismo escrito es la crónica de una muerte anunciada.
   Precisamente por estas y otras muchas circunstancias, los periódicos tradicionales, no importa su formato, deberían elevar las exigencias y reducir su presencia para los no pocos, aunque tampoco muchos, lectores que conserven la tradición de coger un diario entre sus manos y dedicarle un tiempo suficiente para leer, placer e instrucción mediantes, sus páginas. Yo sé que esto es difícil de entender para las mentes que no ven más allá de sus narices y piensan que el negocio rápido es la tarea y el fin. Así les luce el pelo de la dehesa proporcional y así van a terminar de arrinconados, tras cerrar los últimos portones de unos periódicos que están terminando en almonedas, regaladores de premios propios de boutiques y tiendas de ultramarinos, amén de utilizadores de un lenguaje que no supera en mucho el común de las cuevas de Altamira.
  Expongo estas pequeñas ideas y recuerdos, porque llevo cuarenta años colaborando en la prensa diaria. Comenzó mi aventura un día durante la clase de Comentario de Textos en la Facultad de Letras. Bastante joven yo, muy jóvenes mis alumnos. Una mañana, levantó la mano una alumna porque deseaba hacer una observación: por entonces y sin desdoro personal, aún se solicitaba permiso para hablar en clase.  Y dijo lo siguiente: "Profesor, ¿por qué habla usted en clase distinto y más difícil? Esta mañana le escuchaba, en la cafetería, hablar con el camarero y se le entendía todo".
  La respuesta era fácil. Si habláramos en todas partes con el mismo registro de lengua, la comunicación resultaría chata y ramplona, de muy difícil evolución, practicamente imposible el crecimiento racional y sensible de la lengua.
  Y en esa gama de posibilidades entran las colaboraciones periodística. Des una elemental crónica de fútbol a los artículos de opinión, pasando por específicas colaboraciones, el periódico puede y está obligado a  ofrecer una variada gama de textos capaces de satisfacer las exigencias de los distintos lectores.
  En consecuencia, un buen día decidir escribir artículos cultos sobre literatura, lengua, educación y pensamiento (no filosofía) como extensión de las propias clases en la universidad. Así lo hice durante algunos años, de manera esporádica y en muy diversos periódicos. Hasta que llegó la oportunidad de una colaboración continuada, que aproveché hasta nuestros días. 
  Habíamos tenido una movida Junta de Facultad, en Letras, a propósito de programas, planes de estudio y cambios necesarios en una universidad anquilosada, obsoleta, inasequible al desaliento de la inercia y el complejo de campanario, `por otra parte mal entendido. La noticia saltó a los medios, reseñando mis intervenciones. A los pocos días, me llamó en director de La Verdad, periódico importante por estos pagos. Me hizo la propuesta, hablamos largo y tendido, llegamos a un acuerdo básico y sólo le propuse tres condiciones amables, facilmente compartidas.
Primera, no cobraría porque mi trabajo en la universidad significaba un salario suficiente. Segunda, los artículos se publicarían tal y como salieran de mi máquina de escribir. Tercera, irían destinados a lectores de cultura media alta, preferentemente universitarios.
  Aquello sucedió en 1975, año de tantas efemérides y recuerdos. El primer artículo versaba sobre Antonio Machado y me consta que alguno de mis respetados maestros no se sintieron muy a gusto. Eran otros tiempos, yo andaba nel mezzo del camin di nostra vita y me resultaba fácil entenderme con los pasados y los muy jóvenes que se acercaban. Desde entonces acá, unos mil doscientos artículos de prensa escrita, que constituyen capítulo importante dentro del amplio Archivo profesional acumulado, sobre todo, a la sombra de la Cátedra de Literatura Hispanoamericana, mi refugio y punto de proyección universal, corriente de ósmosis para tantos escritores, profesores y críticos de aquende y allende los mares, Menéndez Pelayo dixit.
  A este propósito, las relaciones con los responsables universitarios y los directivos de los medios de comunicación siempre fueron buenas, educadas y agradables.  Pero héte aquí que los tiempos cambian y las costumbres mudan, no para mejor en algunos casos, como pronto comprobaréis. 
  Durante los últimos años he llevado una sección bajo el marbete Atalaya del tiempo. Acordamos que serviría para ir presentando, analizando y ordenando lo mucho realizado por la citada Cátedra y sus distintos y sucesivos equipos de trabajo, con extraordinarios resultados también para el periódico, al que proporcionábamos valiosos materiales y exclusivas importantes. de modo que la satisfacción era mutua, con dos personas destacadas por su parte: Gontzal Díez, buen escritor y magnífico periodista de cultura, que tantas impresionantes entrevistas hizo a los grandes escritores que por aquí pasaron y vivieron. Y Pachi Larrosa, responsable de los artículos de opinión, de amable y muy educado trato.
  Pero un buen día, es un decir, llegó a mi correo electrónico un malhadado texto comunicando el fín de estas colaboraciones  "por renovación de las firmas", al parecer. Al principio no daba crédito a lo que estaba leyendo, un correo torpe, infantil y bastante zafio en cuanto al contenido. pero la forma de comunicación, aún más ramplona. Sentí auténtica vergüenza ajena. Y, no fiándome del emisor director que semejantes trazas de comunicación utilizaba, reprimí el impulso inicial para lograr un último texto de despedida, con mensaje subliminal para él, que no entendió en absoluto, a juzgar por lo que después aconteció y que contaré en próxima entrega. y por más increíble que pueda parecer a las personas discretamente cultas y educadas, así se suelen manifestar algunas gentes que pasan por el mundo creyendo que todo vale porque todo se les permite y acepta.
  Y no es así. No debe ser así. por mi parte, no tengo edad para componendas ni actitudes falsamente comprensivas con gentes de tal catadura. dentro de unos días recibirá un escrito de adecuada respuesta, por si le sirviere, aunque lo dudo, para reflexionar un tanto y actuar en consecuencia. Recuerdo la anécdota de Sócrates cuando recibió una soberana patada de un ateniense majadero y bruto. Respondió: "Porque una coz me dé un asno, ¿habré de responder con otra?".  Cierto que no, aunque sí que el tal bruto merece aclaración adecuada, para que la verdad sea restablecida y el orden ético no sufra más de lo preciso y razonable.

lunes, 4 de abril de 2016

Nostalgias del pasado

   Siempre me lo propongo, ultimamente, y casi siempre caigo en el olvido. Regresar más y mejor a este blog que tan bien funciona desde el principio, con grande y agradable sorpresa por mi parte. Voy a intentarlo de nuevo después de estas pesadas vacaciones, también pasadas felizmente, porque ya va siendo demasiada bulla y callejeo, o quizá no y sea bueno seguir en la plaza pública para olvidar lo que nos aguarda encasa en plan nacional.
  El caso es que esta mañana llegó a mi mesa de trabajo un sobre voluminoso. En el interior, una revista. En el interior de la revista, una tarjeta postal con la Bsilique Notre-Dame-Genève,  Chapelle du Sacré-Coeur, con el mensaje amable de una buena amiga escritora, Mercedes Tempelmann-Sánchez.  Me indica que le han publicado una entrevista con la reseña de sus libros.
  Efectivamente, en las páginas centrales aparece su fotografía con con el libro "Cuentos y poesías para soñar" en las manos, amén de una reseña suficiente de su trayectoria como persona y como escritora.
  Del libro citado se dice, con acierto, que contiene pequeñas narraciones de sus viajes por todo el mundo, con bellos cuentos inspirados en los diáfanos lagos suizos.
  "Amores suizos de alto voltaje" recoge las historias y aventuras de un Romeo suizo y una Julieta Americana, con trasfondo social claro.
    Y "Nostalgias del pasado" se muestra como una autobiografía dividida en dos partes, "La dama de los altos tacones"  y  "Al caer el alba, Amar".  prosa y verso bien aunados y expresivos.
    Tres libros de atractiva lectura complementaria,  de cuya gestación y evolución tenemos buena información loa amigos de Murcia, justo a través de las amistosas charlas que aquí mantuvimos cuando nos visitaba. Os invito ahora, yo, a la lectura.

lunes, 21 de marzo de 2016

Vuelvo al Quijote, con cierto enfado

   Leo una de tantas estadística, que en ocasiones entretienen y a veces proporcionan información para la felicidad o el dolor, según en punto de vista. La última leída se refiere al Quijote y produce dolor y penas por los protagonistas, sufridores involuntarios de las carencias, egoísmos, miserias y pecados de lesa infancia por parte de los adultos, incluidos los propios padres, que siempre son los más culpables por no proporcionar, o exigir en su caso a quien corresponda, todo aquello que la infancia necesita para un mínimo desarrollo armónico hasta que, por edad, pasen a ser responsables de su propia realidad intransferible.
   Ahora me refiero a los libros, a la lectura que proporciona el conocimiento (no sólo información indigesta) para vivir más y mejor. Digo lectura, no diversión amable y sin esfuerzo con libros llenos de dibujitos, de una ramplonería intelectual que asusta, así como exponente de la más sórdida moral, que jamás alcanzará las fuentes y desembocaduras de la ética. Los anaqueles de las librerías está llenos de esta bazofia que se vende por millares tan ricamente. Y así sucede porque la mayoría de profesores de enseñanza primaria nunca debieron llegar a los centros, pues que actúan más como vigilantes de comedor y recreo, auxiliares de trabajos manuales (que ahora llaman manualidades) o componedores discretos de conflictos inexistentes, tratando a los niños como infradotados mentales con los huesos de cristal. En este nuestro solar hispano, los que no sirven para otra cosa en la escala universitaria, estudian (es un decir) lo que antes se llamaba Magisterio, realizando exámenes periódicos para que los niños tengan notas que les propicien regalos, bendiciones y alabanzas mil.
  Termino con el aterrador dato de la estadística referente al Quijote: ocho de cada diez infantitos no lo ha leído. Añado yo: nueve con siete de cada diez adultos, tampoco. Pero no hay que preocuparse, pues que llegaron los mercaderes al templo para el negocio: versiones actualizadas, traducciones del español antiguo al moderno, ediciones críticas con diez mil notas a pie de página, chismes hasta el infinito del autor y la criatura, y así hasta las fronteras con Australia, que será el espacio que van a ocupar todas esas ediciones en fila india.
  Pasará el centenario y continuaremos igual, porque por estos pagos somos muy seguidores de San Ignacio de Loyola: En tiempos de crisis, no hacer mudanza. Parece que siempre andamos en crisis, por lo cual dejamos la mudanza para mejor ocasión. Eso sí, llevo anotadas tres tertulias televisivas en las que el tema estrella (¿observan la mopdernidad del lenguaje, tema estrella?) era la estirpe de Cervantes ¿judío?.  Y otrs cinco mucho más esclarecedoras: definitivamente, don Miguel era homosexual.


domingo, 20 de marzo de 2016

"La manta del abuelo", fábula que pudo ser de Fedro, Esopo y Lafontaine

  Acabo de vivir dos acontecimientos que me han producido vergüenza ajena por la miseria moral de sus protagonistas, amén de su torpeza y miopía histórica y humana. En ambos, la frustración y el desagradecimiento. Los dos, despreciadores de su propia realidad personal, acomplejados y con bastante miedo irredento, que ignoro de dónde les puede venir en este mundo libre de ancestrales y ominosas cadenas represivas.
  Las dos historias tienen que ver con los libros, por eso vienen aquí. Ambos habrían recibido, de mi parte, una formidable catilinaria de haber sucedido hace tan solo diez años. Ahora, no. El tiempo y su lento discurrir a estas alturas, sin duda, proporciona una peculiar atalaya desde cuya elevación uno se muestra, si no más comprensivo, sí mejor dispuesto para el consejo que para la merecida reprimenda. Por si les pudiere ser útil, aunque superado el medio siglo de vida, parece difícil que puedan cambiar sus deseducados modos por otros más aceptables y proclives a la serena y armoniosa convivencia.
  Atalaya he dicho. Desde la tal, un director de periódico indica que debe renovar las firmas de su medio y sustituir a los viejos por jóvenes más "a la page". Demasiados libros en alguna colaboración, demasiada dificultad de lectura en un medio que mañana servirá para envolver el pescado. Sus carencias intelectuales, parejas con su prepotencia ignara.
  La otra es aún más triste: no comprar determinados libros a sus hijos, porque son caros en exceso, lo que no es obstáculo para que el interfecto tenga un abono completo al fútbol.
 La manta del abuelo, cada vez más vigente. Merecidas herencias que se van sucediendo, de victoria en victoria creciente hasta la derrota final.

La tesis doctoral y el horno crematorio


  Entro a la Facultad y, camino de mi despacho, encuentro al sectretario administrativo con un carrito lleno de Tesis Doctorales, algunas con la pátina del tiempo bastante deteriorada, es un   decir.  Desde las más recientes, con gusanillo y huellas de internet, hasta las antiguas, editadas como entonces, con el lomo de piel y el resto de ambas portadas de cartoné forrado de tela, en general del mismo color que el lomo aunque de tono distinto. Viejos tiempos, que vuelven cuando ya no son necesarios, están ampliamente superados, pero que producen emociones retrospectivas dignas de agradecer.
  Todas van destinadas a la cremación por falta de espacio adecuado, pues que todo se va llenando pese a las amenazas dela informática en el sentido de acabar con el papel. Busco y encuentro la mía: lomo de piel verde, tapas delmismo color en tela y título con letras doradas en el lomo: "La soledad en la poesía romántica española". El tema me venía de dos años atrás, cuando terminé la Licenciatura con una Tesina sobre "El sistema narrativo de Camilo J. Cela".  Allí me otorgaron el Premio Extraordinario y me propusieron ser Profesor Auxilrar Gratuito de Clases Prácticas, propuesta que admití y me puse a preparar la Tesis Doctoral ( a la vez que las oposiciones a Cátedras de Instituto), que culminé y presenté dos años después, en el mes de diciembre de 1995. había que trabajar bien, duro y rpido si aspirabas a quedarte en la Universidad. Fueron dos años intensos, enlos que no me olvidé de vivir, que todo puede ser armonizado en función de las dotes y capacidades que, para los creyentes, te dispensan Dis y la Naturaleza, y que a los agnósticos les basta con la Naturaleza.
  Fueron quinientas páginas a máquina de escribie mecánica, con las correspondientes copias a papalcarbón. Mi padre "me pasó" la mayor parte, ayudado al fin por un mecanógrafo profesional, que entonces existía y se ganaban bin la vida. Como pa pobreza era proverbial, nada de pensar en publicarla; pero mi Catedrático director y los otros dos maestros acopiaron pequeños presupuestos y buen hacer, con lo que pudo ser publicada (la parte esencial) bajo loa auspicios de la propia universidad: modesta edición material, con el título en rojo. Al cabo de unos años, un buen amigo visitaba los EEUU y me comunicó,alegre, que había visto un ejemplar en  vitrina de la Bibioteca del Congreso. Aquello era empezar bien un curriculum, nos dijimos. y continuamos laborando.
  Una otra dedica su trabajo a la méwtrica de los poetas del 27. me alegra el encuentro por los recuerdos que despierta. Empezaba yo mi carreta universitaria como profesor. Muchas cosas por cambiar,  demasiada inercia producto de la retención por tantos años de dictadura, pero aún no eran llegados los tiempos del cambio y la mejora, de los trabajos y los días que, sin renegar del pasado (asumiéndolo para no comenzar la hiatoria desde cero) pudieran ofrecer la oportunidad de remover los "diamantrinos ejes de la tierra" sin levantar excesivas resistencias de lo que andaba camino de su terminación.
  El profesor Valbuena Prat me encargó un curso de Métrica del Siglo de Oro, pues çel explicaba la correspondiente asignatura, preferentemente poesía. Para los alumnos, undescubrimiento; para mí, una reafirmación y un gozo. Revisé miles de versos, agrupé medidas, estructuré poemas y estrofas, propuse discusiones y lecturas "en voz alta", para que comprobaran que la loesía era también, y por encima de otras implicaciones, música, sonoridad, donde la intensidad , el tono y el timbre jugaban un papel especial a la hora de escribir los poetas, que no sólo versificadores. Recuerdo que discutimos mucho a propósito de dos endecasílabos, heroico uno, enfático el otro
                 Miré los muros de la patria mía
                 Polvo serán, mas polvo enamorado
Lo pasábamos bien (jóvenes ellos, joven yo) desentrañando misterios de la composición poética. Horacio nos ayudaba, mezcábamos, ya por entonces, lo dulce con lo útil.




  Tres imágenes muy propias de estos días: Religión, turismo y viajes. Graciosa sociedad.


viernes, 4 de marzo de 2016

Dos buenos libros a mi mesa

 Debiera decir cinco libros, pero tres de los que llegaron no merecen la pena. mejor dicho, sí la merecen, aunque sólo sea para preguntarse quién y por qué propicia tanta irreverente tentación de publicar, que no de escribir. Lo tengo dicho y escrito repetidamente: talleres, seminarios, encuentros, asociaciones de viejos y jóvenes...Muchas veces, trampas saduceas que cuestan dinero y producen buenos beneficios a los avispados de siempre, que aquí han encontrado un filón, amén de una creencia pacata cuando no analfabeta de la democracia: la gran capacidad creativa que se oculta en el hondón del alma (!Añorado Unamuno, tan citado, tan utilizado y tan poco leído y menos entendido!) de todas y cada una de las personas que por las calles andamos.
 termina esta pequeña catilinaria con una interrogación: ¿Por qué no se convocan talleres de arquitectura, matemáticas fractales o construcción de puentes levadizos, aportando los matriculados los pertinentes materiales? Pero resulta que todo el mundo tiene un bolígrafo y varios folios en blanco...
  El caso es que han llegado cinco libros, tres de los cuales son malísimos para un despistado lector y también para los bosques. ¿Qué culpa tienen los árboles, que crecen libres y confiados, de esta plaga de escribidores que necesitan celulosa sin límites para sus páginas en blanco y, lo que es peor, para las páginas salidas de imprenta?
  Corramos un tupido y caritativo velo, pues que también han llegado los dos libros buenos,  "Algunos libros que leí despacio"  y  "Hablar durante las comidas", ambos de Pascual García, antiguo buen alumno y ya muchos años buen profesor de Lengua y Literatura. En primer lugar, destaco su buena educación, respeto y dedicación a sus profesores, yo en este caso, que recibo puntualmente los libros que publica con amables dedicatorias. En los de hoy destaca el afecto, como siempre, y una la escribe "desde la atalaya de la memoria", reviviscencia no frecuente en esta sociedad apresurada que nos toca vivir donde cada vez se extiende más el complejo de Adán, tan infantil e inmaduro, creyendo quienes lo padecen que la historia comienza con ellos. Me congratula su actitud.
  En cuanto a los libros, distintos y complementarios, pues que uno acopia críticas de otros libros "leídos despacio", es decir, como habría que leer todos los libros que llegan a nuestras manos de lectores.  Es una buena guía de lectura basada en los textos que criticó y en el propio criterio a la hora de la selección. Libros variados, dispares, de distinta calidad, como era de esperar, pero todos con el denominador común del buen juicio de quien los critica, pues piensa bien, siente de modo adecuado y escribe con la claridad y tersura que la buena crítica exige.
  "Hablar durante las comidas" viene a ser su complemento, como el haz de una hoja cuyo envés lo representa el anterior. Escritura de creación, narrativa, breve en general, bastantes ejemplos del moderno microrrelato, cuentos con final sorprendente, narraciones de lo cotidiano, el tiempo transcurriendo sobre pequeñas anécdotas que, en ocasiones, pueden engendrar o desembocar en tragedias; en definitiva un cañamazo que acoge variados colores, tonos, incluso timbres.  Fijáos en el texto de la contraportada, muy orientador. y en la cita que coloca al frente del libro, de Raymond Carver, con el que mucho tiene que ver la escritura de Pascual García, y que dice así: "No sé cómo funciona esto de la vida y de la muerte, esas cosas. Creo que solo tenemos una vida, y eso es todo".  Cierre.

martes, 1 de marzo de 2016

"Las tramas esquivas", un buen libro para leer

   El autor es Alberto Hernández Moreno, un buen alumno de hace unos años, del que cabía esperar frutos como el que ahora puedes tener en tus manos. Importa destacar la muy amable dedicatoria que coloca en el volumen que ha tenido la amabilidad de enviarme. Buenos recuerdos de alumno, buenos recuerdos de profesor, he ahí la clave positiva de la enseñanza universitaria, que suele pivotar entre dos polos de atracción: primero, todo lo que aprendo en las aulas, se debe a mi talento y trabajo; segundo, todo lo que acabo ignorando en las aulas, se debe a la torpeza de los profesores.  Por so, cuando tropiezas con los pocos buenos alumnos que en el mundo han sido, y serán, (fray Luís dixit), la satisfacción es notable y compensadora. Este es el caso de Alberto, de producción amplia y variada, aunque ahora nos ocupa este libro que recomiendo.
  me dice en la dedicatoria: "Por haber plantado en mí la semilla del amor a la Literatura Hispanoamericana". Cierto y verdad, que decían los clásicos. El amor a los libros como marchamo elevado y prometedor. Lo hispanoamericano, porque fue mi segundo campo de batalla docente, tras lo español, a cuya literatura dediqué los primeros años de mi trabajo en la universidad.
  Sobre esa base, estas "tramas esquivas"  (  en expresión muy borgiana  ) se ven perfectamente analizadas a lo largo y ancho de casi cuatrocientas páginas de prosa densa y bien informada. Borges y Bioy se ven analizados con lupa (nada benevolente, aunque muy esclarecedora) recorriendo los "arrabales" literarios de tan preclaras mentes y plumas.
   Leed el texto de la contraportada. Numerosas interrogaciones, abarcadoras de otros tantos campos de expresión y estudio, todas ellas planteadas por el propio autor y a las que va dando cabal respuesta página a página, casi palabra a palabra.
  Dos características por las que lo he pasado bien leyendo el libro. Primera la escritura tersa y técnica impecable, sin la pesadez tan habitual en los ensayos; antes al contrario, haciendo gala de bien cortada pluma, sindéresis bien organizada y un notable grado de de "creación" literaria, que para nada entorpece la claridad y el rigor exigidos por tal tipo de escritura. Segunda, la información casi total, bien discriminada y dispuesta, de modo que al lector pueda moverse por sus páginas con soltura, sin erudición pesada y llena de excursus, disponiendo su tarea con la comodidad necesaria que también produce placer. 
  El autor investiga bien, organiza bien y dispone el texto de modo asequible, sin que esto signifique facilidad aparente para ignaros, porque ha puesto alto el nivel de exigencia. En todo caso, el más puntilloso lector aquí encontrará lo que busca., desde el conocido prisma de Góngora: "Jardines cerrados para muchos, abiertos para pocos". Y es que los niveles de Borges y Bioy necesitan, siempre, amplia preparación previa y métodos adecuados.
   Me congratula decir que Alberto Hernández Moreno, en este libro, ha encontrado el camino correcto para ejemplificar la fórmula horaciana, válida también para la exégesis y la crítica: "Mezclar lo dulce con lo útil".