viernes, 31 de julio de 2015

Teatro de texto, teatro en plazas y atrios, titiriteros

  Lo escucho y no dejo de sorprenderme. ¿Teatro de texto? Pero ¿es que puede haber, a estas alturas, un teatro que no lo sea? Decía el interlocutor que "es muy difícil, porque hay que aprenderse los textos de memoria".  Claro, y declamarlos después para que lleguen al público como conviene. ¿Se imaginan un tenor quejándose porque ha de aprender letra y música de las arias?. Pues así andamos, en estos tiempos difíciles para la lírica, que suele ser confundida con vagidos emocionales a flor de piel doméstica; pero mucho más para el teatro, que apenas trasciende los musicales, los monólogos ingeniosos, y los titiriteros de toda la vida, éstos muy necesarios como caldo de cultivo y expresión popular para la diversión y el entretenimiento.
  Pero el teatro debiera ser otra cosa, si de niveles culturales, intelectuales y de profundas emociones compartidas hablamos.Las tragedias griegas, algunas de las romanas, las comedias y dramas del mundo antiguo (Esquilo, Sófocles, Eurípides, Plauto, Terencio), el teatro medieval de iglesias, castillos y plazas, las obras de Shakespeare, nuestro teatro clásico... Todo esto debiera ser conocido y representado antes de las "innovaciones" e "inventos" que pululan por doquier. Que más vale lo bueno conocido que lo otro por conocer, pues que si seguimos considerando el teatro como simple divertimento para distraer a un público, en general, ignorante, flaco favor social y cultural estamos haciendo, a no ser que tomemos en serio la ironía demoledora de Lope de Vega: "El vulgo es necio y, pues lo paga, es justo /  hablarle en necio para darle gusto".
  Claro que el teatro, como la lectura que merece la pena, nace con la niñez  y a partir de ella debe desarrollarse. Grandes obras adaptadas como conviene a cada edad y condición. Buenos maestros conocedores que orienten a los niños en las representaciones de esas obras (antiguas y modernas, que el talento creador no es privativo de ninguna edad, por más de oro que unas alcancen a ser más que otras), teatritos y escenografías trabajadas en común, sin concesiones acomodaticias. Que los niños son pequeños, pero no son tontos. Y una vez establecida la plataforma, el desarrollo personal y colectivo se dará por evangélica añadidura, siempre fundamentado en la libertad culta que sabe distinguir el trigo de la paja.
  Cuando muy joven, en bachiller, una profesora y un profesor dignos de todo encomio, nos hicieron representar "La verdad sospechosa". Ya imagináis la pobreza de medios, carestía de casi toso, salvo la imaginación, el esfuerzo estimulado y el bien hacer final. Cuando les propusimos para el trimestre siguiente "El condenado por desconfiado", con buen criterio no nos hicieron caso. En su lugar, representamos "Tres sombreros de copa". En ambos casos nos divertimos mucho, aunque ignorábamos por entonces que estábamos poniendo en práctica la conocida fórmula horaciana, quizá extraída de la "Epístola ad Pisones".

Coda del texto anterior, con fotografía


EL TIEMPO PASA, LA ESENCIA PERMANECE

miércoles, 29 de julio de 2015

Dos condiscipulos de la Escuela Primaria, alla en Castilla

  Dos buenos amigos, los dos vivimos en Castilla la niñez y primera juventud. Y alla por la historia, siendo adolescentes, emprendimos viaje por caminos distintos.
   Todo comienza el año 1948, en el pueblo que toma nombre de rio porque se ubica junto al nacimiento del Duero, al pie del padre Urbion. El se llama Roman Martin Simon y  mi nombre ya lo conoceis. Compartimos pupitre y con eso esta dicho casi todo.
Prolegomenos para entender la historia. Duruelo de la Sierra pertenece a varios municipios, la Tierra de Pinares, de Soria y Burgos, con una peculiaridad: la propiedad de montes comunales.
   Durante mucho tiempo, la comunidad de propietarios podía vivir sin trabajar, tal era la cantidad de dinero que recibían por la suerte de pinos: unas 80.000 pts. por matrimonio ("Suerte" completa, media suerte cuando eran solteros).  Por aquel entonces, un maestro nacional ingresaba unas 10.000pts. anuales brutas. Vivían tan bien, que las mujeres solían ir dos veces diarias a la carnicería. Abundaba de todo, incluído el pan blanco sin limitación. Será difícil que las nuevas generaciones comprendan que ese era, y en gran medida es, nuestro país, al que había que sacar de dos postguerras. Aquello era una crisis. Pasemos página.
   El caso es que éramos dos amigos inicialmente, Mariano y yo. Después,  Román y yo. Curioso, ambos llegaron a ser alcaldes. De Mariano escribiré otro día, por el momento baste saber que estudió en el colegio del Pilar, Madrid, y llegó a ser un buen ebanista.
   Con Román hice la escuela primaria casi completa. Compañeros de pupitre, como he dicho, el último año de mi permanencia en el pueblo me correspondía ser el primero de la clase por curriculum. Cuando empezamos el curso, yo permanecí el segundo. Como no lo entendía, pregunté a mi padre. Como de costumbre, sacó la petaca, lió un cigarrilo y me respondió:"Dentro de unos años lo entenderás todo". Y se acabó el diálogo que no interfirió en el partido de pelota vasca de la tarde, ni en las partidas de ping.pong y ajedrez por la noche, en el Hogar Rural Juvenil que mi padre  también dirigía, por aquello del Frente de Juventudas y otras lindezas de la Falange.
   Lo que nos permitía unos ingresos extra. Confeccionábamos un periódico mural, Aire Libre, equipo de clase: media docena de alumnos entre dibujantes,  escritores y maquetadores. A los mejores murales de la provincia, la jefatura de la capital concedía un premio de 250 pts. al trimestre. Lo ganábamos siempre, hasta que el jefe provincial envió un oficio a mi  padre ( que conservo) sobre la conveniencia de hacerlo mal alguna vez para que pudieran ganar otras escuelas. Así funcionó durante dos años. Así vivíamos y así éramos felices, porque contra las zarandajas de behaviorismos y otras tonterías psicológicas basadas en la ignorancia, la niñez es la etapa más dura y fuerte de la vida, porque hay que sobrevivir aprendiéndolo todo y no queda tiempo para la desgracia: unos buenos padres, una alimentación discreta y equilibrada, mucho juego al aire libre y regular disciplina en la escuela camino de la vida. El resto lo pone cada niño mientras va independizándose progresivamente.
  Pues bien, el año de mi frustración por el puesto en clase, se produjo el milagro. Se me ofreció la posibilidad de estudiar bachiller. El mes de septiembre realicé el examen de ingreso en el instituto y hasta el momento no he dejado de estudiar.
  Dos anécdotas aleccionadoras.  Primera, las fotografias de carnet. Como en Duruelo no había fotógrafo, me las hizo el barbero de Covaleda, que tenía una cámara. Para recogerlas, tuve que hacer 20 kilómetros corriendo, entre la salida y entrada en aclase, antes de comer( tres horas en total). Segunda, en la estación de ferrocarril de Soria, despedida para iniciar los estudios. Mi padre me despide, con su sempiterno cigarrillo, me toca un poco la frente y me dice: "Ahí tienes  una gran finca por explotar. De tu trabajo y organización dependerá el fruto". El señor que me acompañaba y yo subimos al tren. Como última imagen, recuerdo la figura de mi padre entre el humo y vapor de la máquina, con el puntito rojo del cigarrillo perdiéndose en la lejanía. Desde entonces, estuve tres largos años  sin verlos: tres hermanos, madre y padre. Cuando se produjo el reencuentro, había terminado el bachiller elemental,  reválida incuída.
   Pasaron los años. Perdí contacto con los amigos de Duruelo, Román y Mariano incluídos. Y por fín regresé quince años después, como el conde de Montecristo o el vizconde de Bragelone ( un poco de humor relaja).
   Y vi el pueblo como detenido en el tiempo. La riqueza comunal había casi desapaecido. Tenían que trabajar para sobrevivir, como cualquier hijo de vecino. Lo hacían todos los días de la semana, mañana del sábado incluída. Y presumían de tener  agua corriente y water en todas las casas, no creas.
   La primera merienda en las Peñitas, reunidos los ammigos de la escuela, fue contundente y reveladora. A la sazón, yo regresaba con dos oposiciones aprobadas: Maestro nacional y Catedrático de Instituto. No se lo creían. Y cuando ya el cierzo se dejaba notar al anochecer, con fuego de troncón bien avivado, el más arevido se lanzó a senteniar:"!Qué suerte has tenido! En cambio, aquí nosotros, tirando de tablón por no habernos ido".  Castilla... ayer dominadora.
   Recuperé algunos de los amigos, otros no tanto. Con Román volví a sintonizar muy bien. Incluso  me concedió, como alcalde, el título de Hijo Adoptivo, que  me honra. Luego les vino el falso desarrollo, seguido de la tremenda crisis, de la que saldrán con dificultad, que tal es el país, la tierra y el  tiempo que tenemos. En todo caso, el resto no será silencio (Shakespeare), sino miríadas de palabras que han de llenar el correspondiente capítulo de mis pobladas memorias.

martes, 14 de julio de 2015

Una fotografía reveladora sin salir de la universidad


  He participado en un coloquio sobre la enseñanza y la educación en la Universidad, con el resultado de cierta ´aspereza espiritual´, que diría Balmes. Difícil afrontar el problema cuando las soluciones suelen ser mecanicistas, endogámicas y con el dinero y la productividad material como único horizonte. Inversión y rentabilidad económica.
   Gentes que confunden el valor con el precio, la información con el saber. Y afirman, sin rubor, que nos hallamos en la era del saber porque disponemos de mayor información que nunca, y podemos compartirla a velocidad de vértigo.
   Cuando intenté ofrecer una visión humanista, me miraron con silencio respetuoso, pero no anuente. Les recordé la etimología de universidad, su dimensión católica por universal, incluso global, el hecho de que un buen profesor pueda explicar en cualquier universidad del mundo sin mayores trabas burocrática. Y como estaba en tierra levantina, les ofrecí un ejemplo: Luis Vives lo mismo explicaba en Salamanca, en París o Lovaina con naturalidad y fluidez, arrastrando a sus alumnos.
  Hay que recuperar palabras como maestro y discípulo, precisamente para que vuelvan a surgir los discípulos y los maestros, base de toda universidad que se precie.
   Porque hay algo apodíctico: el prestigio de una universidad radica en sus maestros, sin los cuales todo lo demás resulta vicario y adventicio.
   Razón por la cual incorporo esta fotografía: una muy joven profesora, un profesor de mediana edad. Y un gran escritor-maestro, Arturo Uslar-Pietri. Los tres en el paraninfo de la universidad.

domingo, 12 de julio de 2015

Foto para la historia personal, profesional y amistosa.



  Una profesora muy joven, responsable central de la organización de la Cátedra de Literatura hispanoamericana, universidad de Murcia, así como la jefa del equipo (más de treinta personas, entre profesores y estudiantes) que por entonces ya funcionaba a pleno rendimiento, a satisfacción plena, doctora Rosario Hernández.  Profesor de mediana edad, muchos años explicando Literatura Española, a la sazón Catedrático de Literatura Hispanoamericana, doctor Victorino Polo.  Y un prócer en todo el amplio sentido de la palabra, político eminente y extraordinario escritor, Arturo Uslar  Pietri, que tuvo a bien presidir e inaugurar el magno Congreso literario  "Literatura de Dos Mundos. El Encuentro", celebrado el año 1992, con asistencia de ciento sesenta escritores, profesores y críticos, de aquende y allende los mares (Menéndez Pelayo dixit).  Una experiencia magnífica y un imborrable recuerdo.

sábado, 4 de julio de 2015

Profesores, alumnos, libros y oposiciones

  Vivimos tiempos de exámenes, junio-julio, con la expectativa de la cucurbita pepo y cucurbita melo en crecimiento, como decíamos antiguamente, cuando éramos menos los estudiantes y el horizonte se manifestaba lejano y problemático.
  También vivimos tiempo de oposiciones, esa rareza española considerada la segunda fiesta nacional (la primera son los toros, que también tiene su enjundia), con el movimiento migratorio de miles de españoles intentando lograr una plaza de profesor de enseñanza media. Buena cosa, que diría el cazurro miope. Tengo docenas de antiguos alumnos en el trance. Me han llamado antes y me siguen llamando después de la cosecha. La mayor parte, suspendidos. Pues qué bien. Y las autoridades académicas, es un decir, tan ufanas y contentas. Recomendación encarecida para todos los profesores (presidentes y vocales) que participáis: recuperad la dignidad de maestros y sacudid el polvo de funcionario probo administrativo. Que ya está bien de tomaduras de pelo y desprecio por la enseñanza.
  Breve aclaración para los no entendidos. Veréis, un buen día se convocan oposiciones: pocas plazas y miles de opositores a la caza en dispersión geográfica. Primer ejercicio: un tema del cuestionario oficial y un comentario de texto. Todo escrito. Los aprobados, realizan otro ejercicio variopinto, legislación incluída. Los que tengan la suerte de aprobar, ya son profesores a plenitud. El autor francés de las "Cartas persas" o el español de "Cartas marruecas" tendrían m ucho que decir, sarcasmo incluído, pero los opositores, también los aprobados, suelen ignorar ambos nombres.
   Vamos a ver de nuevo. ¿Dónde están los alumnos y las explicaciones ante ellos y las exposiciones científicas y pedagógicas y la selección de libros que "maestros e escolares" han de leer a lo largo de los cursos?
  Cualquiera tiempo pasado fue mejor, a veces sí. Recuerdo los tiempos ominosos de la dictadura: casi nada teníamos y mucho lo ignorábamos, pero las oposiciones eran mucho más abarcadoras, todas de ámbito nacional por la igualdad de oportunidades, con tribunal único en Madrid. Mis cátedras de Instituto: cinco ejercicios, escritos y orales con diversos niveles, amén de una Memoria sobre concepto y metodología de la enseñanza. En mi caso, incluí una Biblioteca Escolar para estudiantes entre los 10 y los l7 años (Bachiller).
  No estaba bien, pero era infinitamente mejor que la pacata corruptela actual, que parte del analfabetismo funcional y a la ignorancia permanente se orienta. Otro vendrá que bueno me hará,reza la sabiduría popular, aunque sabido es que nunca el pueblo(?) tuvo sabiduría ni fue "vox dei": todo se lo indujeron y asimilaron con intención mostrenca. Y así durante siglos, trabajando el tópico y el halago gratuito, cuando no humillante por despreciativo.
  Por bobo, malintencionado y nefasto para la educación, nunca me gustó el sistema de oposiciones. Mis diatribas habladas y escritas son notorias y múltiples. Pero mi padre, gran irónico además de Maestro extraordinario, solía decirme mientras sacaba la petaca para fumar: "Hijo, un éxito tu actitud en este campo. Te has pasado la vida despotricando y, con mayor o menor fortuna, has aprobado  las siguientes oposiciones: Maestro Nacional, Prof. Adjunto de Instituto, Catedrático de Insituto, Catedrático de Escuela Universitaria, Prof. Adjunto de Universidad, Prof. Agregado de Universidad y Catedrático de Universidad. Deberías enviar un post al Guiness".   ¿Qué seríamos sin el humor? Me pregunto.

miércoles, 24 de junio de 2015

Siempre os invito a leer, nuevo curso de lectura

  Quiza un poco pesado, demasiado extenso el texto que os acabo de ofrecer, resultado de una larga conferencia hace poco impatida. Me lo disculpáis con magnanimidad.
  Este será breve, por justa compensación. Tan solo para invitaros a participar en el próximo Curso de Lectura, que comenzaremos en septiembre. Los interesados , enviadme un correo y seguiremos hablando. Me gusta planificar con antelación, que toda repentización es mala. Mi correo  vicpolo@um.es    Título del curso, " Los libros y la felicidad " .  Basta con vuestro nombre. Feliz madrugada.

Literatura entre siglos y generaciones literarias

    A la hora de organizar los materiales literarios que ofrece la historia, para establecer un mínimo de orden cronológico, temático y de géneros, las dificultades se revelan notables y de no fácil salvamento.
   Los métodos histórico-documentales son más asequibles. En principìo, basta seguir el camino histórico y detectar autores y tendencias a través de los siglos, de manera que los documentos encontrados fundamenten la urdiembre del tejido. Lanson y Larroumet lo dejaron establecido, exigiendo la total ausencia de juicios críticos para evitar la confusión. Pusieron de relive lo que décadas después dirá Rousseau el crítico, al establecer como principio que basta con mostrar lo que se desea transmitir, afirmando:"Esto es un cardo; esto es una rosa". La objetividad mayor posible.
  A su vez, los métodos formalistas optan por, casi, todo lo contrario. Desde la estilística , el campo se rotura de manera muy diferente. Los aportes de Karl Vossler y Leo Spitzer todavía son tenidos en cuenta en la investigación. El formalismo ruso desplegó teorías múltiples que todo el mundo aceptó, de manera especial en las aulas universitarias, vía Facultades de Letras. Y desde  esos orígenes, la dualidad quedó troquelada: métodos historicistas y métodos formalistas como las dos columna que sostienen el edificio de la crítica literaria, de la explicación que los libros necesitan para llegar adecuadamente a los lectores, teniendo en cuenta los diversos niveles de recepción.
  Quizá, por otra parte, conviniera distinguir entre los medios empleados para la explicación práctica de lectura y aquellos otros más propios de la investigación académica, aunque todos tendentes a desbrozar los caminos de los textos creativos, unos más asequibles, otros con notables dificultades a la hora de la exégesis, para que el cuadro resultante quedara bien matizado y visual.
   Así podríamos llegar al paradigma de las Generaciones Artísticas como forma de acceso a las obras de arte. Me refiero a todas las artes, porque conviene recordar que la explicación literaria, en numereosas ocasiones, corre un poco a estímulos de otras artes. Bastaría recordar el método de Francesco Flora, que relaciona la literatura con las demás artes, para entender que las tradicionales cinco, repartidas entre plásticas y del tiempo, constituyen un todo, sólo parcelado a efectos pedagógicos y de comprensión asimilada.
  Tambien es oportuno aludir, como prenotando, a Hegel y Wölfflin en tanto que propedeutas. El primero incorpora la filosofía, muy oportunamente pues que los lenguajes poético-filosóficos arrancan del mismo origen y se bifurcan para complementarse. Cuando establece la dialéctica tesis-antítesis-síntesis aporta un camino que también puede predicarse del mundo literario. Bastaría, para ejemplificar, con recurrir a los movimientos clásicos, románticos y realistas para definir el parangón. Y así saltaríamos del pensamiento filosófico completamente abstracto al del arte variado, en este caso con los libros como base de sustentación y meta final del desarrollo. Las tríadas hegelianas han contribuído grandemente a los estudios literarios y su modernidad.
   El arquitecto suizo Wölfflin establece las parejas conceptuales como método adecuado para organizar las artes plásticas. Y a su estímulo, los avisados estudiosos y críticos literarios (no hay que olvidar que los profesores lo son en gran medida) las adoptan sin mayores dificultades. Valga un ejemplo revelador, ancestral y permanente mientras un libro siga siendo lo que es y por lo que nació: la pareja apolíneo-dionisiaco, equilibrio, proporción y medida, frente a irracionalidad, desmesura y falta de límites o fronteras. La fiesta de los placeres físicos será siempre la segunda. La fiesta de los placeres intelectuales, siempre la primera. Apolo y Diónisos, ya desde la lejana y permanente mitología griega para nosotros. 
   Con ello, sucintamente, abocamos al discutido término de las Generaciones en Arte, ahora literarias, que tanto dieron que hablar y escribir a partir de los años cincuenta del siglo pasado, fenómeno importante para agrupar una serie de escritores de parecida edad, gusto por la escritura y ciertos asuntos que les atraían y aglutinaban en alguna medida.
   Cuando Julius Petersen acuña la expresión, todo el mundo se acerca para observar y comprender que se ha dado un paso adelante. Por nuestra parte, será Julián Marías, docto y preparado, pensador que sigue muy de cerca a Ortega y Gasset de quien se declaró discípulo, el que organice un libro a tal menester dedicado, de manera que al poco tiempo -al menos, en los territorios académicos- el concepto y su desarrollo alcanzarán carta de naturaleza. Ytodo el mundo aceptará que las generaciones existen y constituyen un buen método para organizar, de modo mucho más moderno, la materia literaria.
  No lo veo tan claro. De muy atrás, vengo teniendo dudas en cuanto a la oportunidad de tal método en exclusiva. Quizá en algún caso pudiere ser de mayor eficacia y claridad, sin duda, pero no siempre y para todas las épocas y tendencias. Establecido quedaba el siglo como punto de refeencia y acotación. Aceptadas quedaban las tendencias y modas literarias. Siglos sucesivos a partir de la Edad Media. Tendencias desde la misma época. Renacimiento, Barroco, Neoclasicismo, Romanticismo, Realismo, Naturalismo, Modernismo... Hasta que llegaron las primeras décadas del siglo XX con la gran floración proteica del arte, también de la literatura. Incluso nuestro Siglo de Oro abarcaba siglo y medio, a caballo entre el XVI y XVII. En fín, una tal complejidad resulta difícil de encasillar bajo un marbete limitado, por más abarcador que se quiera pretender.
   Nosotros observamos la Generación del 98 y todo parecía claro. Los escritores que la constituyen se agrupan bien y, desde libros como el de Laín Entralgo, nadie dudaba: Unamuno, Machado, Azorín, etc. pertenecían a ella y no había más que discutir.
   Ello no obstante y desde los postulados fundacionales, la generación debía tener, entre otras características y realidades, un jefe, unos asuntos (pocos) comunes a todos y, de manera especial, una estética común.Pues bien, basta leerlos y observarlos con  atención para concluir que no se cumplen las condiciones de salida y definición. Y esto por dos razones, entre otras muchs que podríamos discutir. Una, el reduccionismo acotado que siempre limita la materia, porque la vasija resulta rígida y con demasiadas fronteras. Dos, el maniqueísmo más o menos encubierto que suele caracterizar al crítico, profesor o exégeta. Tal actitud no es aceptable, porque siempre solemos caer en idéntica tentación: organizar la materia artística como hacen los científicos con su campo, mimetizando por nuestra parte sus métodos. Pareciera que si no somos ciencia, somos muy poco. Y se olvida que el arte es libertad imposible de observar y analizar en una probeta. Si alguien dice hache dos o, todo el mundo que escucha entiende que se está aludiendo al agua; pero si ese mismo alguien afirma la metáfora del viento en el poema "Presencias", será muy difícil la uniformidad de entendimiento. Que la ciencia es un sistema de verdades relacionadas entre sí, mientras que el arte es una serie de relaciones potenciales en busca de la verdad revelada en cada caso.
   De todos modos hay que hablar de lo que pudiere unir a la generación (claro queda que prefiero la palabra grupo como más adecuada y representativa) dentro de ella misma, a la vez que rastrear algunos eslabones de enlace entra las "generaciones" que se van sucediendo en el tiempo.
   Desde la caída de las últimas colonias del imperio español y su depresión (individual y colectiva) subsiguiente, tres generaciones han sido detectadas y estudiadas: la del 98, la del 27 y la de los años 50. Dos observaciones. Una, seguiré llamando generación al grupo. Dos, sigue siendo el tiempo, el año, la década, la fecha de celebración o recuerdo, lo que mueve al estudio y clasificación.
  La verdad es que las tres generaciones tienen más disimilitudes que parecidos, como no podía ser de otro modo, aunque también es cierto que, dadas las características generales del siglo y sus avatares, las tres coinciden en ser notarios de su tiempo. Dijo Amiel que la felicidad no tiene .Y resulta mucho más fácil dedicarse al arte y sus derivaciones cuando la humanidad se encuentra en periodos más tranquilos, para confirmar lo que Oscar Wilde preconizaba para la literatura, descargándola de compromisos socioeconómicos y de tragedia.
  Los del 98 apuntan directamente a la diana. Unamuno hablaba del dolor de España, que les afectaba directa y profundamente, de manera que el año de la pérdida de la últimas colonias del desmedido imperio español les hace afrontar los hechos sin subterfugios. El país se halla deprimido, los intelectuales agobiados y los escritores no alcanzan a ser una excepción. Apuntan a España y sus problemas y, en mayor o menor medida, están condicionados por la tragedia colectiva. Vuelven la mirada a su interior y la intrahistoria se revelará como determinante de su quehacer. Todos sus componentes reflejan la situación en sus libros, bien como directa expresión en los textos creativos, bien como ensayos que intentan explicar lo difícil, sobrevenido y sorprendente. Unamuno lo hace, también Baroja y Azorín, incluso el propio Machado.
  Pero además de los temas y motivos, cuando se trata de configurar su propia poética, los principios y caminos por los que pretenden que su literatura discurra, las diferencias son notables y, bien mirado, mejor que así sucediera, porque se manifiestan complementarias. La narativa de Baroja y Azorín, pocos puntos formales tienen en común. Las trilogías del primero, los libros sosegados, lentos de tiempo y tempo del segundo, contrastan notablemente. Repito que eso ha sido bueno para nuestra historia literaria.
   Los del 50 insisten en lo mismo. Ellos no lo saben, pero los historiadores los consideran fruto de su tiempo comprometido. La dictadura no permite muchas alegrías, pero los escritores siempre encuentran vicecaminos y meandros para distraer la excesiva presión, prohibiciones y agobios personales y colectivos. Novelas coml "El Jarama", de Sánchez Ferlosis, realismo de la mayor objetividad y monotonía posibles, permiten a los estudiosos afirmar que los tiempos han venido para la denuncia, los asuntos sociales, la represión y el deseo de salir de atmósfera tan cargada y paralizadora. Así coinciden con los padres del 98.
  Y como era previsible, la narrativa sobreabunda con respecto a la poesía, todo un síntoma de los nuevos tiempos. Los poetas son menos y de menor entidad, reducidos en caso extremo a los cerrados círculos de amigos y grupos minoritarios. En este sentido, cierran el vallado del 98, que sí anota en sus filas la elevada cumbre poética de Machado, cuyos "Campos de Castilla" bastarían para llenar los anaqueles de un siglo poético.
  Claro que en el interim hallamos a los del 27, generación poética por antonomasia. Aquí hay una fecha, 1927, pero el acontecimiento resulta estrictamente literario: es el centenario de Góngora y su celebración pública por una serie de poetas que desean abrir fronteras, renunciar a realismos chatos y naturalismos ramplones, así como a formas de gay trinar grandilocuentes y un tanto vacías, según ellos. Eso está bien, matar a los padres literarios para afianzar su personalidad propia, más joven, fresca y prometedora. Con el tiempo se darán cuenta de que no descubren nada nuevo, sino que repiten, para bien, los corsi-ricorsi tradicionales, gracias a los cuales la humanidad avanza, incluso y sobre todo en el arte de la palabra. Valga una pequeña  ironía no tan dulce: con el tiempo don Benito "el garbancero" sigue siendo leído por necesidad y deseo, mientras que algunos devotos de Góngora duermen en el fondo de los anaqueles. Esto de las revoluciones excluyentes siempre termina igual. Lo bueno, permanece; lo coyuntural y de poco valor, periclita. No es necesario llegar al extremo inmóvil:"En literatura, lo que no es tradición, es plagio". Pero tampoco al contrario. A lo mejor fuera bueno recordar:"Vámonos poco a poco, amigo Sancho, que en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño."
   El caso es que los del 27 son, casi todos, poetas, muy pcos prosistas y no demasiado brillantes. El tiempo histórico así lo exigía y no estaban las otras circunstancias para que aparecieran florecientes narradores. De tal modo, al menos, lo parecía. Nombres como Jorge Guillén, Luis Cernuda, Rafael Alberti o García Lorca siempre habrán de figurar en toda nómina o antología. Sin preterir a ningún otro, constituyen el meollo de aquella poesía y se complementan a la perfección, de manera que son mutuamente necesarios.
   Y con ello, llegamos casi al final. Me pregunto cómo agrupar a los que vinieron, y están viniendo, después, desde los novísimos que ya son abuelos, a los más jóvenes, que empiezan a despuntar un tanto desorientados, pues ignoro si acaban de entender que la literatura no es empresa económica, ni publicidad para incultos y pacatos, ni modas pasajeras, ni solipsismo encastillado. Ni feria ni torre de marfil.
  En todo caso, generaciones, grupos, tendencias, orientaciones, sociedades más o menos secretas ¿qué importa el nombre? Será necesario renovar los métodos investigadores y de propedéutica explicativa, para incorporar un poco de orden y concierto en la selva de los libros que aparecen cada hora. Y que se produzca como en la metáfora de Machado:"El rayo de un camino en la montaña".