viernes, 16 de diciembre de 2016

SONETOS CULMINADOS. EXPLICACIÓN PLAUSIBLE

      La Poesía es la culminación y quintaesencia de la Literatura,  de la cual forma parte por naturaleza y derecho propio.  No es un mundo aparte y cerrado,  aunque sí mucho más exigente precisamente por la condensación expresiva,  y porque su lenguaje debe ser,  y estar,  más y mejor alquitarado.  De ahí que pueda decirse lo que apuntaban los barrocos en expresión feliz:  "Jardines abiertos para pocos,  cerrados para muchos".


    En primer lugar, hay que prescindir de considerarla  tarea de exquisitos para exquisitos,  como si se tratara de una secta con sus  misterios casi órficos.
   Tampoco es un trasunto popular,  un canal para que cualquiera pueda manifestar sus emociones mostrencas, sin mayor trabajo,  preparación y conocimientos previos.    Mucho menos como forma de autoconocimiento vulgar y extensivo.  Para eso está la psicología.  Y en absoluto hay que considerarla como desaguadero de llantos y alegrías: el flolklore cumple mejor esta función.
   En consecuencia,  la Poesía necesita estudio, determinados niveles de cultura,  cierto grado de sabiduría y dominio profundo del lenguaje.  Amén,  claro está, de fuerte y adecuada imaginación,  lo que solemos entender como inspiración,  bien acotada y definida desde  Platón y Aristóteles.
   Pues bien, su territorio está plagado de infinitas inflorescencias formales,  que van desde un elemental y sencillo romance popular hasta el soneto como manifestación suprema,  donde poema y estrofa vienen a ser uno y lo mismo  (Parménides dixit),  a través de la magia del cambio perpetuo (Heráclito en complemento).
   Razón,  entre otras muchas, por la que tardé bastante tiempo en decidirme a escribir sonetos.  Lo hice durante diez o quince años;  pero cuando me decidí,  convencido estaba de la dedicación,  tiempo  y esfuerzo que precisaban.  Rompí muchos originales,  llegué a coleccionar unos trescientos (con algunas ráfagas de manierismo, ciertamente)  y publiqué muy pocos.  Hasta que llegó el antiguo buen alumno, excelente editor, y me convenció para publicar el libro.
   Seleccionamos cuarenta y todos los he ido subiendo aquí,  sin clasificación ordenada por temas,  motivos,  tendencias,  etc.  Y lo hice con una doble pretensión : despertar emociones fuertes,  sin las que la Poesía poco aporta;  y configurarlos como camino de conocimiento en busca de una meta.
   El interés con que los habéis seguido y el entusiasmo de la mayoría (bloqueado tengo el messenger,  ya en archivo),  dice mucho en vuestro favor y en el mío: hemos coincidido en el vértice de la aceptación,  la comprensión y la identificación creciente.  Albricias,  pues,  y felicitación para todos.
   Y una nota final a pié de página. Si bien os habéis fijado y recordáis,  los cuarenta son sonetos de amor.  Diferentes las causas y los destinatarios,  pero todos de amor.  Sólo que el amor es el más vivificante y proteico de los sentimientos humanos.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

HISTORIAS DE MEDIANOCHE. HOMENAJE A CAMILO J. CELA

   Historia que también pudiera encajar en las  Memorias amables, pues ingredientes tiene de las dos.  Y es que tantos años en la misma cantera,  dan para mucho y nunca es tarde si la dicha es buena.  Incluso también pudiere venir bien aquella frase que, sin ser suya,  tanto utilizó nuestro Premio Nobel de Literatura: "El que resiste gana".  Que es tanto como afirmar los ópimos resultados del trabajo si la tenacidad bien entendida los avala por los años de los siglos.

   Aconteció ayer por la tarde,  en el Hemiciclo rectangular de la Facultad de Letras,  Universidad de Murcia,  mi segunda casa durante más de medio siglo.
   "Cela en familia"  era el título del encuentro.  Protagonista, claro, el autor de "La colmena".  Invitados,  Jorge Cela (hermano)  y Camilo J. Cela Conde, hijo de quien escribiera  "San Camilo l936"  o  "Cristo versus Arizona".  Me correspondió moderar el coloquio, consecuencia de mi larga y amistosa relación con la famila Cela,  como bien se ocupó en recordar el Rector de la Universidad,  que presidía el acto.
   Tarde brillante, sobre todo por la intervención de tío y sobrino, aunque también por la lectura coral de textos celianos y el acompañamiento de música,  un joven viloncelista que interpretó piezas valiosas.  El hemiciclo estaba lleno de buenos lectores, de varia edad y condición,  si que todos admiradores del escritor cuyo centenario celebramos este año. Y lo repito una vez más,  el mejor homenaje que podemos tributar a un escritor,  es leerlo mucho y bien.  De ahí que, a manera de ejemplo, les recomendé tres libros:  "La colmena",  "Viaje a la Alcarria"  y  "Pabell´ón de reposo",  trilogía que resume y aglutina muy bien lo que el Premio Nobel significa en tanto que gran escritor en castellano.
   Nuestra historia personal se remanta treinta años atrás. Yo había realizado mi Tesis de Licenciatura en Filología Románica el año l962.  Le escribí con audacia y la respuesta fue comprensiva y rápida, me ayudó grandemente y me solicitó dos ejemplares de la investigación  ( "El sistema narrativo de C.J.C." ) para su archivo,  a través del riguroso Fernando Huarte. Las cartas que conservo de entonces las guardo como auténtico tesoro. Allí nació una amistad fructífera, prrolongada con su hijo ( y ahora con su hermano),  con los que tanto comparto y fío.
   Pasaron los años, yo accedí a la  Cátedra de Literatura Hispanoamericana y pensé que estaba  muy bien el trabajo intramuros de la Universidad (labor fundamental) ,   pero había que proyectarlo al exterior,  a la sociedad que nos justificaba.  Y creamos los Ciclos de Literatura Viva, que durante muchos años se desarrollaron con brillantez y provecho,  gracias a los extraordinarios escritores que por aquí pasaron,  así como a los equipos que fui reuniendo,  que aunaban la eficacia del trabajo y la admiración.
   La fórmula era sencilla.  Invitábamos a un escritor,  estudiábamos su obra y, con su presencia entre nosotros, aplicábamos la norma de Horacio: "Mezclar lo dulce con lo útil".  Funcionó muy bien.  Y por nuestras aulas pasaron más de ciento cincuenta escritores,  entre ellos todos los grandes de una época dorada, que se mueve entre  Borges  y  Vargas Llosa.  Por cierto,  ambos Doctores honoris causa de nuestra Universidad, propuesta y logro enmarcados dentro de los trabajos y los días de la citada Cátedra,  cuyo Archivo acopia más de doce mil documentos escritos y audiovisuales.  Archivo que he donado a mi Universidad, extremo que el Rector se ocupó de recordar,  una vez más,  con palabras de reconocmiento quizá excesivas para mi persona y cuantos me han acompañado siempre.
   Pues bien, el apartado correspondiente al autor de  "Pascual Duarte"  lo componen unos doscientos documentos de indudable valor literario,  investigador  y humano.
   Y así culminamos el homenaje,  contentos y felices.  Después del trabajo bien hecho y mejor remunerado (moral y amistosamente) , se entiende, marchamos a reponer fuerzas.  Buen yantar en restaurante muy visitado por el Marqués de Iria Flavia,  amables conversaciones,  humor cervantino a raudales y emplazamiento para próxima reunión de amigos.
   P. S. -  Mañana ,  segundo capítulo: "De cómo don Camilo alcanzó el honroso título de Alumno honoris causa,  encomienda única en toda universidad del ancho mundo, que sólo a él corresponde y pertenece".  Laus  Deo.


viernes, 9 de diciembre de 2016

LOLA CARIDE, PROFESORA DE GRIEGO

   Ha muerto hace unos días y me ha producido profunda conmoción.  La conocí hace sesenta años,  justo cuando yo estudiaba quinto curso de bachillerato.  Llegó al colegio en plena juventud ,   junto a su compañera Rosario Navarro,  profesora de matemáticas, hoy viejecita y de la que voy a escribir en próxima ocasión.  
   Ambas me dieron clase y a  las recuerdo con cariño y ternura,  pues que trascendieron los límites de la docencia para incidir en duradera amistad.  Las dos me quisieron mucho y contribuyeron a mi crecimiento humano y profesional.
   Lola era muy dinámica, extrovertida, con sentido del humor,  exigente y jolgoriosa siempre presta a la carcajada.  Además,  muy atractiva.
    Digo que me dió clase de griego,  siendo como era Licenciada en Filología Románica.  Hay que recordar que por entonces y en los dos cursos comunes de la Facultad, se estudiaba griego y latín a niveles altos, por lo que los filólogos estaban preparados para impartir varias asignaturas.
   Nos correspondió el griego.  Sus clases,  muy activas y cambiantes.  Recuerdo que dede el principio,  me discriminó en positivo.  Me dijo: "Tú eres muy buen estudiante,  un poco mayor que tus compañeros,  así que llevarás un ritmo distinto,  doble trabajo que el resto y ni un solo día sin traer de casa la traducción completa.  Tienes que ir a la Universidad y eso son palabras mayores, ya te explicaré con más detalle".  
   Y así aconteción en quinto y sexto de bachiller superior,  de manera que al acceder a Preu en el Instituto de Albacete,  la nueva profesora se sorprendió de mi preparación.  Recuerdo, por otra parte,  que al realizar la reválida de sexto  (con tribunal controlado por la universidad)  me acompañó al instituto  "para darte ánimos,  aunque no los necesites".  Ella era así.
   Fuí a la universidad.  Ella permaneció varios años más en el colegio (Hellín).  Cada vez que yo viajaba en vacaciones,  me esperaba para comentar cómo había ido el trimestre,  si los profesores respondían al perfil de su diseño, cómo estaban los claustros.  Y todo lo demás,  divino y humano,  pues no quería perderse detalle.
   Con el tiempo,  marchó a Madrid.  Y seguía todos mis "triunfos esperados y naturales" (sic) por carta.  Cada vez que venía a Murcia,  tomábamos café y conversábamos.  Cuando iba yo a Madrid, el mismo protocolo.  La última vez que la ví,  en la Plaza de las Flores,  junto a dos de sus amigas.  Emocionante recuerdo.
   Hoy ha desaparecido de entre nosotros y bien que me duele.  Su recuerdo continuará en mí.  Pero mucho más,  todo lo que contribuyó a conformar mi carácter,  mi concepto y praxis de la enseñanza.  En definitiva,  a la  "imago mundis"  que me acompaña tantos años.




RAZONES EMOTIVAS DEL TIEMPO Y DE LA EDAD

      Tengo un libro en mi mesa de trabajo,  "Abuelos y Nietos",  de José Ängel Castillo Vicente, al que conocí a través de este medio de comunicación.  Nos une la devoción por la lectura y la escritura, es decir, el amor nunca desmedido a los libros.  Ha tenido la gentileza de traérmelo con una sentida dedicatoria, que le agradezco. Y considerados todos los prenotandos,  creo que nos hallamos en el proceso de una hermosa amistad.

   Os adelanto que se trata de un buen libro poético, cuya lectura recomiendo sin paliativos.  En primer lugar, por la materia literaria de la que se ocupa, esencial y creativamente humana:  los abuelos a manera de marco general acogedor, en cuyo cañamazo común se va configurando el individualizado color de cada nieto, unidad incuestionable,  y de todos los reales y posibles,  de ahí el plural expreso ya desde el título.
   Luego está la lengua en redacción y aplicación adecuada para cada uno de los poemas.  Es necesario destacar este aspecto, sobre todo en tiempos como los actuales  en que pudiere parecer que la emoción trastornante no necesita del rigor técnico del lenguaje capaz de traducirla para beneficio y gozo del lector.  Nunca nadie pudo escribir desde la emoción y durante su sentimiento.  Es necesario pasar por los filtros pertinentes para que la expresión no sufra demasiado.
   Y al cabo,  lo principal: la lengua literaria pasada por las alquitaras de la razón y los sentimientos bien atemperados, en busca de la voz propia, que nunca será rechazo de la general admitida con la historia, sino perfección personal de quien escribe.
   Todo ello y bastantes cosas más poséis encontrarlo en el libro que reseño.  Versos de todo tipo, estrofas variadas,  poemas distintos como rayos en dispersión de un sólo centro, a la vez centrífugo y centrípeto.
   Lo he pasado muy bien leyendo,  y viviendo,  a estos abuelos y nietos entrañables.  Experiencia que deseo para los muchos lectores que aguardan.

martes, 6 de diciembre de 2016

EL PREMIO "CERVANTES" Y OTROS PREMIOS LITERARIOS

      Todos los años el mismo ceremonial.  Se concede el Pemio más importante y prestigiado de las Letras en español o castellano,  al que pueden optar todos los escritores notableS de aquende y allende los mares  (Menéndez Pelayo dixit), siempre que sus libros hayan aportado algo significativo.  Es decir,  que hayan escrito buenos libros en la más pura esencia de la expresión.

   Este año lo ha ganado Eduardo Mendoza y no seré yo quien diga algo extemporáneo.  Me parece bien, pues que se trata de un escritor culto, buen narrador y ampliamente reconocido.  Mis parabienes junto al deseo de que vuelva a ser leído como se merece. Por citar uno de sus libros, se me ocurre que  "La verdad sobre el caso Savolta"  sigue siendo paradigmático y en él puede hallar el lector todas las claves de la que será su narrativa, humor cervantino incluído, quizá lo más notable de su correcta y estimulante prosa.  Revisando archivo, encuentro dos amables cartas suyas.
   Por otra parte, debo decir que conozco bien lo concerniente al Premio,  pues no en vano formé parte del Jurado en séis ocasones, coincidentes los años de la gran explosión literaria hispánica que tuvimos el honor y el placer de vivir.  Las imágenes externas,  más o menos oficiales y amables,  pero también las internas,  comida colectiva,  discusiones del Jurado, rueda de prensa con el Ministro de turno,  anécdotas muy sabrosas,  no siempre ejemplares, pero en todo caso dignas de ser tenidas en cuenta,  pues que la cocina no es menos importante que el comedor.
   Mi Cátedra de Literatura Hispanoamericana bastante tiene que decir en este punto. Por entonces todos éramos ricos en sabiduría del conocimiento, creación literaria por parte de los grandes escritores y economía boyante (si que al fiado, como comprobaríamos después), de modo que las instituciones financieras dedicaban dinero abundante a los eventos artísticos. Por lo que nos atañe, nos permitieron encuentros, homenajes, lecturas, edición de libros y otras raíces adventicias dignas de recordación y encomio.  A tal punto, que llevamos a cabo una saga anual bajo el marbete   "Los  Cervantes en la Universidad  (Murcia)",  simbiosis de la Universidad y las instituciones financieras. Los desrrollábamos en el Aula de Cultura de la Fundación Cajamurcia y eran celebraciones anuales llenas de interés y gozo. 
   Venía el escritor premiado el año anterior, vivíamos unos días alegres y,  para la clausura de su homenaje y coloquios, también venía el escritor recién premiado, para iniciar el proceso de su homenaje al año siguiente.
   En este sentido,  dos fotografías para la historia.   Una, en la que aparecen Cabrera Infante y José Hierro, situación casi milagrosa de juntamiento de contrarios,  lograda gracias a los buenos oficios del joven profesor Javier Polo Alba,  gran amigo de ambos.  En la otra, vencidas ya las  "disfunciones ideológicas y personales" de los dos anteriores, aparecen Jorge Edwards, Hierro y Cabrera en el centro del joven equipo de la Cátedra.  Cualquier comentario añadido ahora estropearía el misterio y la excelencia de lo entonces vivido.
   Ello no obstante, se me ocurre que este capítulo de los Premios necesita una reflexión adecuada sobre su oportunidad y permanencia.  Algo puedo aportar, derivado de aquella experiencia en sexenio, por sipudiere ser útil.
   Centremos hoy dos puntos clave:  el número de candidatos posibles y la también posible distribución del dinero dispendiado.
   Si observamos el panorama, resulta evidente que la mies va siendo escasa.  Miro al ámbito español y poco tengo que decir (otros mejor conocedores lo pueden esclarecer ).  Miro al mundo americano y ya va costando trabajo encontrar candidatos con tesitura dilatada y alta. En todo caso, citaré uno a la espera,  Bryce Echenique,  muchos años propuesto y nunca premiado.  Y no estaría de más recurrir a Diogenes por el aporte que su linterna podría permitir.   Pero entonces  ¿qué sentido tiene seguir premiando solo porque la burocracia lo establece?  Medítese bien.
   Coletilla que conduce al segundo punto.  Los dineros del Ministerio parecen abundantes.  Convendría colocarlos en una bolsa y espera de reparto bien ponderado y oportuno.  Y considerar una serie de datos  (IVA incluído) para llegar a la posible solución salomónica:  nada de subvenciones y cheques de premio, sino todo lo contrario.  Preguntemos. ¿Merece la literatura estímulos para su creación y desarrollo?  Pues claro que sí.  Entonces, dispóngase lo necesario para que las individualidades artísticas crezcan en buen caldo de cultivo,  sin burocráticas trabas ni limosnas vergonzantes.  Bien considerado el campo literario de cultivo, convendría dejar que la libertad de creación  (interés,  oportunidad  y originalidad)  campe por sus respetos y, evangélicamente hablando, a quien Dios se la dé,  San Pedro se la bendiga. 
 Los libros y su difusión debieran ser el óptimo resultado,  nunca los ingresos crematísticos para gastos personales.  Y vámonos poco a poco, amigo Sancho, que toda presunción es mala.

domingo, 4 de diciembre de 2016

CURSO DE LIBROS. CRONICA DEL JUEVES (11)

      Mañana de domingo.  El cielo gris plomizo, silencio de naturaleza en calma.  Un suave chirimiri desicende con lentitud y pequeño rumor de agua invisible.  Calma chicha,  en mi otra tierra  (reciedumbre castellana de clima)  ya estará cayendo la nieve,  quizá con algunas ráfagas de cierzo en el Urbión. 

   No me apetece salir y escribo sentado en banco de ruda madera traída de otras tierras más montaraces. Puedo contemplar el jardín delantero de casa, un privilegio.  Las últimas rosas en depedida, las dos acacias que me trajeron de Kenia, las jardineras de manises bien pobladas de flores y de color, un limonero cargado de frutos, el naranjo que avisa de la ultima cosecha.  Y las margaritas amarillas, todo un arriate pobladísimo y terso.
  Abro el ventanal mientras fumo un avergonzado cigarrillo, que me pide disculpas por los buenos tiempos de cachimba y habanos interminables  !oh, tempora!.
  Disculpad este exordio, no he podido resistir la tentación pues que vivo el otoño a plenitud.  Pero vayamos a lo que importa.
  El jueves, como siempre, bien para la experiencia y para el recuerdo. Una pequeña introducci´ón para discernir los buenos libros, a pregunta de unos alumnos por internet.  No hay fórmula y el criterio (siempre personal) adquiere forma con los años, el tiempo lo va perfeccionando y se revela personal e intransferible.  Quizá por eso sea oportuno el texto doctrinal de esta tarde:

   " Pero este conocimiento particular entraña un peligro:  la presencia del gusto en oposición dicotómica.  Quien ostenta gusto literario es hombre culto, mientras que el poseedor unicamente de conocimiento literario es un pedante.  Aclaremos.  Con el conocimiento solo, la realidad captada es unidimensional y parcial.  El gusto aislado incide en el dandysmo  dilletante.  La pretensión debe armonizar los dos términos, poque el gusto sin conocimiento permanece inseguro, ambiguo y caprichoso,, tendente al error,  a la vez que elconocimiento sin gusto proporciona una visión demasiado árida y distante, vacía  del particular  sprit que el arte, en tanto que arte,  debe comportar y despertar, susceptible de ser aprehendido por necesidad.
    El acto de conocimiento sensible, en función del gusto y espoleada po ´él, se revela como el  medio adecuado del especialista (buen lector) en literatura y del simple catecúmeno que se enfrenta con la tarea de adquirir métodos de trabajo y,  por lo mismo,  posibilidades de conocimiento.  El acto crítico ,  entonces ,  será el acto de conocer de manera racional y sensible ".

   Luego llegaron los dos textos narrativos.  De una parte, el capítulo del ciego y la cabeza de toro,  misteriosa y mágica para escuchar raros sonidos.  El pobre Ĺazarillo aprende en cabeza propia (expresión muy adecuada), que la vida no es fácil, aunque siempre remuneradora. 
   Planteamos la posibilidad de que la tal historia fuera un cuento en el marco de la novela.
   En las antípodas narrativas, el capítulo VIII de  "!Absalón,  Absalón!",  la extraordinaria y no muy conocida novela de William  Faulkner.  Párrafo narrativo cerrado:  "No habría aquella noche respiraciones profundas...como un cristal en el aire fiero y tranquilo (había dejado de nevar) ".
   Buena lectura reconfortante hasta el próximo jueves. !Ah, se me olvidaba decir que, mientras escribía, escuchaba la voz prodigiosa de Alfredo Kraus. En esta ocasión,  romanzas de zarzuela. Una delicia.

domingo, 27 de noviembre de 2016

CURSO DE LIBROS. CRÓNICA DEL JUEVES. ( 10 )

     Los jueves de los libros.  Excelente ocasión para llenar la tarde con alegría, que si los libros no provocan el gozo,  poco cabe esperar de ellos,  mejor saludarlos a distancia,  como gustaba decir Ernesto Sábato.
   Comenzamos con un pequeño coloquio,  esclarecedor siempre.  Me preguntaron si pensaba escribir mis  "Memorias"  y qué título les pondría.  Tentación de fácil y agradable caída.
   Les dije que aún tenía el títuo por definir, les conté el ejemplo de García Máquez y me extendí un poco a propósio de la escasa presencia de Memorias en España,  frente a países como Inglaterra,  Francia o Alemania, donde suele ser habitual y abundante.  Insistí en que nuestro país, individual y colectivamente, arrastra un complejo de campanario desde el siglo XVII, en que un gran escritor pudo escribir del rey: "Eres grande,  Felipe,  a la manera de los hoyos.  Más grande cuanta más tierra te quitan".  Somos temerosos y recelosos,  arrastramos un excesivo sentido de la propia estimación y aparecemos inseguros,  muy pendientes del qu´é dirán.  La inhibición, pues, está asegurada.  De ahí la escasa presencia de Memorias,  campo casi exclusivo de los políticos, que las utilizan para contar  sus presuntos éxitos, sin contextualizarlos ni ahondar en todo lo concerniente... Las estoy escribiendo con todo incorporado, de modo que no las publicaré ahora, las dejaré a mis herederos.
   Enseguida pasamos al texto teórico, enlazando con los jueves anteriores, que transcribo:

   "Al final cabe establecer distinción entre poesía y literatura.  Las dos tienen el mismo instrumento expresivo, la palabra,  a la que dan tratamiento artístico.  En otras épocas, la distinción era clara y formal:  literatura se identificaba con prosa,  y poesía con verso.  Modernamente no puede admitirse.  Libros como  "Platero y yo"  desmienten el concepto tradicional de prosa,  su lenguaje es esencialmente poético, de dónde el calificativo de prosa poética  o  poemas en prosa.  Por otra parte,  el sector histórico de la llamada poesía social, por ejemplo,  ha dado pie para hablar de poesía prosaica.
   La distinción, entonces, se establece en orden  al binomio  amplitud--intensidad  del concepto,, restringido para la poesía,  mucho más extenso para la literatura.  Y a la inversa,  en cuanto se refiere a intensidad.
   En suma,  poesía es la culminación del fenómeno literario,  la forma  más puramente estética del arte de la palabra".

   Leímos los textos creativos en prosa.  El primero extraído de  "La Celestina",  justo en el momento de narrar Calisto la hermosura de Melibea:  "En dar poder a Natura que de tan perfecta hermosura te dotase,  y hacer de mí  inmérito tanta merced... y yo,  mixto,  me alegro con recelo del esquivo tormento que tu ausencia me ha de causar".
   Texto fronterizo, entre narrativo y teatral.  El siguiente es ya de una novela con todos sus predicamentos,  "Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes",  del padre Francisco Isla.  Comienzo del capítulo  "De los disparates que aprendió en la escuela de Villaornate".  Prosa crítica y satírica donde las haya:  "El maestro de Villaornate éralo un cojo, el cual,  siendo de diez años,, se había quebrado una pierna por ir a coger un nido.  Había sido discípulo  en León de un maestro famoso,, que de un rasgo hacía una pájara, de otro un pabellón... y era fama que por lo  menos había salido tan primoroso garambainista como su mismo mmaestro". 
   Al cabo, el tercero corresponde a uno de los grandes narradores del siglo XX,  William  Faulkner.  Elegí   "!Absalón,  Absalón!" , por ser una de las mejores y, también, de las menos leídas:  "No habría aquella noche respiraciones profundas.  La ventana permanecía cerrada en lo alto del cuadro helado y vacío,  más alla del cual,  las ventanas del muro opuesto estaban ya oscuras, con dos o tres excepciones.  Pronto las campanas darían la medianoche, con notas melodiosas y tranquilas,  débiles y claras como un cristal en el aire fiero y tranquilo  ( había dejado de nevar )".
   Y llegadas que fueron las ocho de la tarde, salimos conversando animadamente, que de eso se trata, los textos como propiciadores de nuevas palabras compatidas.

ENÉSIMA REFLEXIÓN. CIUDADANOS DEL MUNDO

   Es lo que tienen las tentaciones.  Oscar Wilde afirmaba que fueron creadas para caer en ellas.  El caso es que la red, la nube y otras derivaciones constituyen fuerte tentación inevitable si, de principio, caes en probar la fruta del árbol prohibido para muchos y no sólo por razón de edad. 



   Me sucedió, tras mucha renuencia.   Jóvenes estudiantes me convencieron para que hiciera lo que siempre había realizado, tan sólo cambiando el aula de cuatro paredes por este medio completamente abierto al infinito.  Me producía vértigo y muchas dudas con respecto a los posibles  "alumnos" y sus capacidades y deseos.  La  Literatura no es un mundo de fácil acceso, salvo la posible vulgaridad del todo vale y bastan un bolígrafo y un folio para escribir un texto.  Caí en la tentación y nunca pensara en los efectos causados, debo reconocer que agradables y satisfactorios en su mayoría.
   Como poeta excelso,  Machado escribió en  "El dios ibero", a propósito del tiempo y su trascendencia humana

              !Qué importa un día!  Está el ayer alerto
              al mañana,  mañana al infinito.
              Hombres de España,  ni el pasado ha muerto,
              ni está el mañana  - ni el ayer - escrito.

   El tiempo y el espacio, las dos coordenadas que definen la vida humana y todas sus posibles circunstancias.  Nos afectan aquí y ahora, pues que llevamos mucho tiempo encontrándonos en lo que llaman virtual.  Y el espacio se dilata de manera insospechada.  Incluyendo lenguas romanas tradicionales,  otras de caracteres cirílicos y algunas extremoorientales de grafías cuasi dibujadas.  Mi ordenador las recibe con toda naturalidad, con inusitada rapidez y con dedicación digna de todo elogio
    Gentes de nuestro entorno (Europa y las Américas), Australia,  Japón,  China,  Vietnam,  Camboya... ¿Cómo es posible que en tan  "lueñes tierras" ( "Belarmino y Apolonio", magnífica novela)  haya personas que lean unos textos elegidos por mí para los de culturas similares,  y sean respondidos, aceptados y comentados por beneméritas personas de  "allende los mares" (Menéndez y Pelayo)?  Pues así sucede a diario: una nota crítica, una referencia de humor,  un poema...Los leen y contestan. Mi blog, muy visitado.  Mi messenger,  estallando cada hora.  Si no milagro,  algo de misterio sí que hay en el fenómeno.
   Amistad solicitada.  Nunca la niego, porque pienso que quien la solicita conoce mi perfil y sabe que aquí hablamos de libros, en tono medio, pero libros al fín. Por eso me sorprende que menestrales,  amas de casa buenas cocineras,  jóvenes negociantes de lo erótico,  autores de textos con faltas de ortografía,  personas que buscan conocer nuevos amigos,  fanáticos de lo religioso banal, propagandistas desaforados de su propia obra mediocre, y un largo etcétera, soliciten mi amistad. Todo es respetable y yo tengo una gran capacidad de aceptación, pero me gustaría que si no les gusta leer buenos libros,  tuvieran a bien no solicitarme amistad:  ni ellos ni yo perderíamos un tiempo precioso.
   Me importan los que sí.  Dicen estas informaciones que me siguen  116  personas.  Albricias.  Hay un grupo de medio centenar que siguen mis propios textos creativos con devoción y gozo.  Albricias.  El  Curso de Libros lo siguen y comentan (messenger a tope)  varios centenares de lectores,  la mayoría hispanoamericanos.  Albricias. 
   Todo esto es hermoso y me permite seguir haciendo lo de siempre:  dar clase fuera del aula tradicional,  enseñar a quiens algo desean saber, educar en comandita y siempre con diálogo,  considerando los libros como el gran vehículo de perfección personal y comprensión colectiva.
   En ello estamos,  amigos virtuales.  A todos mi agradecimiento y buenos deseos,  intensificados para los que no dejáis pasar un sólo texto.  La curiosidad es una gran virtud.  La sabiduría, en todos sus grados,  un extraordinario tesoro que vamos acrecentando con los días.  Y un pensamiento final:  la estética es la hermana gemela de la ética.