lunes, 21 de diciembre de 2015

CUENTO DE NAVIDAD

  LAS VIRTUDES HUMANAS ESTÁN, CASI TODAS, RELACIONADAS CON LOS LIBROS. TANTO ES ASÍ QUE, CUANDO EL PRIMER HOMBRE CON VOCACIÓN DE TRANSCENDENCIA APRENDIÓ A PINTAR GARABATOS, ENSEGUIDA ESTABLECIÓ QUE AQUELLO SERÍA UN LIBRO ANDANDO EL TIEMPO Y CON EL DESARROLLO DE LA TECNOLOGÍA PERTINENTE.
  LA VIDA METIDA EN UN LIBRO. UN LIBRO PARA COMPARTIR LA VIDA CON LOS COETÁNEOS Y, SOBRE TODO, LOS QUE VENDRÁN EN EL FUTURO A TRAVÉS DE LOS SIGLOS, DE LOS MILENIOS.
  UN LIBRO ES UNA FRACCIÓN DE VIDA CARGADA DE VIRTUDES POR DESCUBRIR Y PRACTICAR.
  Escribo lo anterior porque todos los días, de buena mañana, viajo al trabajo cinco kilómetros en pequeño automóvil escuchando la radio a ser posible. Lo hago así porque vivimos fuera de la ciudad los últimos quince años de nuestra ya dilatada vida. La idea fue de mi mujer, catedrática de Física y Química, muchos años explicando también matemáticas y tres lustros dirigiendo un centro docente a satisfacción de casi todo la comunidad escolar. Gran lectora por otra parte, intelectual en gran medida, si que muy madraza y ama de casa en el mejor sentido de la expresión.
  Durante muchos años suspiró por una casa comme il faut. Pero, generosa y preocupada por los más jóvenes y otras empresas familiares, fue dejando transcurrir los años a la espera de que las finanzas permitieran "su capricho" ancestral de proporcionarse un habitáculo adecuado y no necesario. Ya su padre le solía decir que, si las finanzas le fueran hasta ese punto favorables, lo primero que haría sería comprarle un piso por todo lo alto, a su plena satisfacción.
  Formamos una familia, tenemos tres hijos y cinco nietos, una felicidad difícilmente superable. Mientras los hijos fueron niños y adolescentes, vivimos en el centro de la ciudad, vivienda pequeña, compartida por los cinco de la familia, la chica que trabajó con nosotros durante cuarenta años y un perro, pastor alemán, ganador de todos los concursos posibles y educado en extremo.
  Así las cosas, un buen día los hijos se independizaron, las finanzas se tornaron favorables y habíamos alcanzado el medio siglo de fructífera vida. Aproveché la ocasión para decir que que había llegado el momento, que proyectara la casa de sus deseos y adelante con el proyecto y la realidad. La pensó y desarrolló justo a su medida. Hasta tal punto, que en nada participé. Siempre que me consultaba algo (mujer a la postre, aunque muy leída e independiente) obtenía idéntica respuesta: "Hazlo como te guste". Así sucedió y, en confianza, debo decir que algunas cosas no salieron a mi entera satisfacción, pequeños detalles. Cuando la inauguramos, la vivienda era su sueño y proyección, hasta el más pequeño detalle, incluída la ubicación, cerca pero fuera de la ciudad. De ahí mis viajes diarios.
  tras este exordio, vuelvo a la radio. esta mañana escuchaba la presentación de un libro en charla con el autor. Más de novecientas páginas en torno a la vida, obra y milagros de Rainer María Rilke, poeta de mi devoción al que me encantaba explicar cuando los programas escorares así lo permitían, dentro de la literatura universal como marco fecundo en el que instalar la española.
  No llego a enfadar ya, porque la edad me va proveyendo de madurez y templanza comprensiva creciente, pero aún me producen aspereza espiritual estos acontecimientos. ¿Cuánto tiempo necesitará un lector medio para leer el libro en cuestión y aprender, por ejemplo, que a Rilke le gustaba pasear por los riscos y entusiasmarse con el balcón de Ronda sobre el vacío?  ¿Y no sería mejor que ese tiempo lo dedicara a leer los hermosos textos de Rilke, alemán o cualquier buena traducción, en lugar de perder el tiempo con aproximaciones mediatizadoras? He ahí un gran problema de la literatura y la crítica en estos tiempos, en los que casi todo el mundo consume prólogos y excentricidades eruditas, y casi nadie ha sido enseñado a leer con entusiasmo y pasión a los grandes que nos hacen grandes leyéndolos como corresponde).
  Por eso he titulado así. "Cuento de Navidad", en recuerdo y homenaje al gran libro de Dickens, tan emocionante, tan solidario, tan bien escrito. Recomiendo su lectura en estas fechas de dolos ajeno, tristeza compartida y, finalmente, alegría profunda por lo que significa la Vida naciendo, así como la premonición positiva de lo que nos habrá de llagar con el tiempo humano impregnado de lo divino. y ya que me pongo, no me restrinjo a un sólo libro. Añado otros dos, "La pequeña Dorrit" y "Grandes esperanzas". Dickens no defrauda nunca, mucho menos en estas fechas de villancicos y mazapán, también.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Enseñar Literatura

    Una vez más, la polémica que algunos creíamos superada y resuelto el problema y la dicotomía falsa: enseñar/aprender  o no Literatura.
  Hubo un tiempo, durante la transición política española, en que la libertad, afortunadamente, se instaló en todas partes. Lo necesitábamos para la salud física y mental de los españoles, en plan individual y colectivo. Pero siempre acontece cuando las aguas desbordan el cauce tradicional, hay peligro de inundación destructiva. Sucedió. En las aulas de la universidad todo se discutía. Y eso era bueno. Lo malo estaba en la falta de preparación para el diálogo. Y se instaló un peligro evidente: hablar de cualquier cosa con escaso conocimiento, aduciendo que cualquier opinión es tan válida como otra. Aquellos vientos trajeron estas tempestades. Basta conectar diez minutos la televisión y parar mientes en cualquier programa, sobre todo los políticos y los rosa: todos pontifican a gritos, desde la más supina ignorancia y, además, cobran por hacerlo.
  Otro dato importante, la enseñanza y la educación. Aquel genio de libertad dió en promover que la enseñanza debía ser divertida y que los profesores (incluídos los universitarios) debían motivar a los alumnos. Pues bien, salimos de la dictadura con dificultad en la lectura comprensiva, para desembocar ahora en la carencia de lectura: una tablet lo resuelve todo, como dicen los herederos de aquellas leyes docentes de infeliz recordación.
  Las Facultades de Letras dispersaron saberes, redujeron conocimientos y se vino a confundir información con sabiduría. Hubo que improvisar profesores a gran ritmo. Y fueron bien considerados los que, después de unas notas tomadas de manual,decían ante un cuadro del Bosco "!Mucha belleza ¿verdad?". O después de leer un texto de Rubén Darío exclamaban "!Qué bonito!"
  Así nos luce ahora el cabello undoso, por no decir que así nos brilla el pelillo de la dehesa. 
  Digo todo esto porque haces unos días participé en un coloquio sobre literatura moderna, amablemente invitado por un antiguo alumno que ahora dirige un taller de creación literaria. Escuché con atención y,cuando me correspondió hablar, dije que la literatura se puede enseñar, como cualquier otra parcela del conocimiento humano, laboriosamente acumulado a lo largo de la historia. Los ponentes anteriores coincidían, casi todos, en que el arte (la literatura, por tanto) no se puede enseñar, es cuestión de cada uno, de su intuición y sensibilidad,  y otras zarandajas por el estilo. Y lo triste es que lo afirman sin rubor, ignorando su propia ignorancia, una especie de pleonasmo psicológico de difícil superación aclaratoria. Siempre se ha estudiado poco en el mundo de las humanidades. Ahora menos. Basta con observar programas y hablar con los licenciados medios, que brotan de la universidades como abundantes frutos fuera de temporada.
  Como los ví afectados, si que vanidosos en sus creencias, les recomendé que leyeran el prólogo que coloqué al frente de "Literatura hispanoamericana. Textos para el comentario", dedicado a mis estudiantes de los primeros cursos de Literatura en la universidad. Incorporo dos párrafos:
  "Enseñar Literatura no es otra cosa, en síntesis, que enseñar a leer con toda la hondura y capacidad de discernimiento posibles. Sucede que para desarrollar esta labor se precisan tres elementos y un caldo de cultivo: el profesor, el alumno y el texto, que reunidos en MESTER común  --ahí el citado y casi biológico caldo de cultivo-- realizan el comentario y, por ende, la enseñanza necesaria y posible como transmisión de vivencia de lo literario.
  La necesidad del comentario se revela incuestionable, ya desde los niveles de la sugestión, por lo que resulta ocioso un razonamiento ad hoc. En tanto que profesor, estoy convencido de que es el único método  --en todo caso, el más válido-- para una eficaz labor pedagógica donde se descubre,además, el corpus histórico y, por encima de él, la entraña última del fenómeno literario. Lázaro Carreter lo ha notado certeramente. Sucede, sin embargo, que los métodos de comentar no han tenido demasiada aceptación en nuestros pagos. Entre nosotros (universidad, profesores, alumnos inseguros) ha sido prestigiosísima la clase-conferencia-magistral, cuanto más documentada y apabullante, mejor. Y continúa siéndolo para graciosa desesperación de los que discrepamos. Por otra parte, la legislación siempre ha dado pié a la teoría profusa, al contemplar la clase práctica como simple complemento de la obligada teoría, expositiva, histórica, monologal y excluyente de la posible voz de los alumnos, acostumbrados al cómodo silencio receptivo".
  Recuerdo a los lectores, que ésto lo escribía por los años ochenta del siglo pasado, en prólogo orientador que se extiende hasta las cincuenta páginas, por si os pica la curiosidad histórica.

martes, 1 de diciembre de 2015

"VERONICA Y EL HOMBRE BELLO"

    Estupenda narración esta de Angela Reyes, excelente amiga y escritora que nos ofrece ciento setenta páginas de buena prosa, tersa,bien modulada, flexible y acogedora para que la lectura resulte no sólo interesante, sino atractiva y compensadora.
   Reconozco que, al principio, el título me desorientó un tanto, máxime contemplando la ilustración de portada, pero me bastó leer "el mes de la mostaza" para que todo me quedase claro, incitador y sonriente, aunque aún seguía sorprendiéndome la iniciación con el mes de mayo, perfectamente asimilada la estructura y organización tempo-espacial a medida que pasaban las páginas, que culminan con el claroscuro final, cuando la niña ya no lo parece tanto, quizá porque ha madurado y el dolor suele ser síntoma de adultez, no importan los años cumplidos. "Entro en una calle de casas pobres y niños descalzos que corren tras un gato y me detengo para echar la última mirada al monte. En la cima ya han crucificado a los ladrones. Sus dolorosos gritos y sus maldiciones ruedan ladera abajo. Al Maestro le falta muy poco para llegar a la cima. Le veo subir lentamente, cojeando". Aquí ya el humor se ha transmutado en tragedia, como estaba previsto por la profecía bíblica. Aunque una páginas antes, pregunta: "Dónde vas?". "Al Monte de los Olivos, a pasear un rato y estirar las piernas".  "¿Tan de noche? -!Por toda la arena del desierto! Con treinta y tres años y no sabe mentir".
  Jesús de Nazaret humanizado, traído al mundo de hoy, y de siempre, por una niña de diez años que lo ve como uno más de los que se acercaron cuando el Maestro sugirió: "!Dejad que los niños se acerquen a Mí".
  Una hermosa historia llena de matices, vista a través de los claros e inocentes ojos de una niña sin prejuicios, libre de los pervertidos principios de los mayores maleados por la historia, la sociedad y la propia vida. Con otros dos personajes importantes, la mujer pública y un perro, pues que los animales forman parte natural de la vida infantil, para que todo resulte más creíble y cercano.
  Un acierto formal y temático ya desde las palabras del título, la imagen del "hombre bello" ( "Sólo era un hombre que decía cosas bellas"). Y el nombre directo de Verónica, que vale por miles de imágenes posibles, tanto si se sabe quién era este personaje, cuanto si se ignora. Imagen y palabra que sirven para iniciar, y concluir, la historia más extraordinaria de nuestro mundo. Libro estupendo. Recomendar su lectura no es sólo un acto intelectual de buena crítica, sino la obligación inevitable de un orden moral previamente vivido. 

lunes, 30 de noviembre de 2015

" A LA SOMBRA DE LA CATEDRAL"

   Buen título para un artículo religioso, para un ensayo doctrinal, para un libro de poesía, cual es el caso que nos ocupa. Con ello se cumple uno de los requisitos de la escritura: intentar que los títulos sean un anticipo sintético y estimulante de los contenidos del libro. En esta ocasión se cumple por completo. Máxime, si le añadimos el subtítulo, "Poemas viejos y nuevos", que incluye el concepto, y también la praxis adecuada, del tiempo, uno de los grandes temas y problemas que han acuciado al hombre desde su aparición en la tierra, como ser vivo que piensa y razona.
  El autor se llama Manuel López López y es persona culta, plurititulada y catedrático de latín durante muchos años. Todo ello hace que, desde la perspectiva formal, el libro y pos poemas respondan a la más estricta y adecuada teoría literaria, de modo que versos, estrofas, rimas posible, imágenes y música siempre, están troquelados como cabía esperar. Nada que decir en tal sentido.
  Ello no obstante, estimo que el libro se salva mucho más por los elementos emocionales, desde el hondón del alma del poeta, hasta las más delicadas fibras receptivas de los lectores, que siempre será legión en proteico abanico de caracteres y capacidades receptivas.
  El prólogo de Juan Antonio López Delgado, antiguo y brillante alumno mío, compañero del autor en la docencia, revela y clarifica las claves de la poesía encerrada en este libro. A él os remito, aunque tengo dudas acerca del momento en que el lector debe abordar, antes de leer los poemas o después de haberlos leído.
  La cuestión la vengo arrastrando décadas. Siempre he predicado a los alumnos que los grandes libros, en la Facultad, deben leerse de manera virginal, sin mediatizadores trastornantes e inhibidores del propio pensamiento y la personal sensibilidad: ni prólogos, ni notas a pie de página ni nada parecido, para lo cual tiempo habrá después de la primera impresión lectora, que la erudición nunca debiera sustituir al conocimiento limpio y previo, sino complementarlo a posteriori.
  En todo caso, estas cuatrocientas cincuenta páginas de poesía en verso constituyen "un florilegio poético de recuerdos entrañables, un ramillete de perfumes, melodía de canciones dedicadas a Murcia, a sus fiestas populares, a sus monumentos y a sus gentes", como rezan las palabras que las introducen. Totalmente de acuerdo.
  El libro lo vamos a presentar mañana, lo que me congratula. Lo celebro por cuanto es un hermoso libro de poesía viva plena de homeneje. Y también, porque el autor haya tenido la deferencia de convidarme a la presentación, delicadeza que le agradezco. Allí nos veremos para hablar de poesía y de lo divino y lo humano, a la sombra de la Catedral, buena sombra para que se cumpla el vaticinio de Hölderlin, el poeta loco a fuer de cuerdo: "Pleno de méritos, pero es poéticamente como el hombre habita esta tierra". 

viernes, 27 de noviembre de 2015

DOS LIBROS, CUATRO AMIGOS


        Son dos libros de reciente aparición, que han llegado esta mañana a mis manos. El primero me ha sido entregado en la escalinata de la Facultad de Letras, cuando yo salía de mi despacho para el café matutino. El segundo, me lo ha entregado el autor justo cuando me disponía, ya en el velador de la terraza otoñal, a los primeros sorbos del humeante café sin azúcar, bien cargado según tradición inveterada en mí, que debería cambiar a tenor de la edad que voy atesorando y pese a la genética excelente que me vino en herencia. Pero, ya se sabe, "video meliora, provoque, peiora sequor".  Los romanos ya eran así de prevenidos y meditadores.
   Las matemáticas no fallan en el título. Un libro puede ser un amigo o un réprobo para el resto. Pero también pueden ser dos amigos, si el autor hizo méritos humanos amén de profesionales: el propio libro y sus bondades, más el autor cristalizado en buena persona, que lo cortés nunca estuvo reñido con lo valiente.
   Esta mañana son dos libros y cuatro amigos, con el rizo añadido de la amistad previa a la escritura, por lo que la aritmética emocional se transmuta en matemáticas fractales sin mayores averiguaciones intelectuales.
  Carmen Pérez Ballesteros es autora del primer libro, "Esperanza", palabra-título que anticipa bien y sintetiza el mensaje múltiple acogido y expresado en todos y cada uno de sus poemas. La dedicatoria y los agradecimiento ya constituyen todo un programa de vida y poesía. El prólogo de Juan Tomás de Frutos capta el meollo de la cuestión con palabras adecuadas: "Carmen versifica como pocos y nos atiende con pretensiones que nos invitan a ver el mar y el cielo con sellos de pura garantía de felicidad... Nos habla, como sólo ella es capaz, de golondrinas, de su abuelo, de la sociedad toda, de los sueños, del alma, de la extensa y genuína Fe y de la luz que alumbra donde debe".
  Todo lo comparto y ratifico después de leer tan sentidos versos. Y sólo me resta invitaros a su lectura, que no os defraudará.

          "EL  HOMBRE  Y  SU  DESEO"
 El otro libro responde al título que acabo de incorporar. Su autor es un maestro de larga trayectoria profesional, muy prestigiado en su mundo, que siempre anduvo interesado por la cultura, por las letras, escritor vocacional y gran lector. Lo conozco muchos años y venimos desarrollando una amistad bien fundamentada.
  De entrada, dos cosas hay que decir del libro: la "fermosa cobertura" (Marqués de Santillana dixit) de la edición material, desde el diseño hasta la calidad del papel y la cartulina, mate, de las portadas; rasgo muy de agradecer en estos tiempos un tanto ramplones a la hora de conformar un libro. La otra viene dada por la cantidad y, sobre todo, por la calidad de los poemas incorporados, al extremo que bien pudiera decirse que se trata de una obra completa, pues abarca largo tiempo vivido y escrito.
   Como entrada, incorpora unas paginas autobiográficas, esclarecedoras de lo que sea la escritura, la lectura y, sobre todo, la elucidación que el autor hace de su propia esencia y vivencia, de manera que nos quede claro a los lectores el conocimiento que de sí mismo tiene el poeta y cómo lo transmite a los demás, con una única y fuerte ambición, de modo que el final pueda ser el previsto y deseado: "El conocimiento de nosotros mismos, de nuestro yo más desconocido, auténtico y humano, de nuestro Espíritu. Por eso me he permitido escribir estas líneas a modo de reflexión previa. Ahora sóis vosotros quienes tenéis que juzgar. Si lo he conseguido será un acierto, si no un rotundo fracaso".
  Nada de fracaso. Todo un acierto el empeño de explicarse. 
  Después viene lo decisivo, los poemas. Abarcan toda una vida, desde los grandes temas de siempre  -amor, muerte, esperanza, transcendencia, etc.-- hasta los, en apariencia, más insignificantes o domésticos, convencido el autor de que no importan tanto los temas como el tratamiento poético que se les da. A través de las citas y dedicatorias, queda claro el alto acompañamiento elegido.
  El título es ambicioso; y los logros, adecuados. Aquí hay clara inapiración, conocimiento de los resortes que atañen a los versos y la poesía, convicción de que las vivencia y observaciones deben ser transformadas, atendiendo a los deseos de Mallarmé, cuando decía que los poemas se hacen con palabras, no con sentimientos ni con ideas. Pero Francisco Martínez Merino sabe que ideas y sentimientos constituyen la base de la buena poesía. Aquí está, también, la música de las esferas pitagóricas, que es tanto como decir la música del universo, que es tanto como afirmar que la música, condensada y bien temperada es la que informa toda la poesía que se precie, que ya lo decía Fray Luis de León:"Salinas, cuando suena / la música acordada,/ por vuestra sabia mano gobernada". Música que siempre termina en las palabras que forman los versos, para que la poesía logre las alturas a las que está destinada.
  Es un muy buen libo "El hombre y su deseo", que responde a la idea del clásico: "Homo sum, humani nihil a me alienum puto". A nuestro autor nada de lo humano se le escapa, bien porque lo ha vivido directamente, bien porque ha sido capaz de asimilarlo a través de la observación profunda de las circunstancias vitales, que le fueron llegando con los trabajos y los días.
  Libro excelente, cuya lectura recomiendo, para que los lectores reciban los mensajes compensadores que yo he recibido leyéndolo. Una experiencia gratificante y placentera.

lunes, 26 de octubre de 2015

Complicada historia de un libro

   Un libro que, por fín, se publica, pues está en pleno fragor de máquinas y tinta, según me comunica la persona responsable de la edición. Albricias y las mejores esperanzas compensadas, mucho más de valorar en estos tiempos felices en que lo virtual y las pantallas parecen arrasarlo todo: es un triunfo que las palabras lleguen al papel de buen gramaje con el peculiar olor de la tinta todavía fresca.
  La historia comienza en octubre de 2011, al atardecer, cuando celebrábamos la clausura del Congreso dedicado a la vida y la obra de Mario Vargas Llosa, el brillante Premio Nobel de Literatura, viajero impenitente a nuestra ciudad durante muchos años, para entregar el Premio de Novela que lleva su nombre, de tan feliz trayectoria. El acto resultó eminente, por el fecundo coloquio mantenido entre el autor de "La ciudad y los perros" y el profesor Javier Polo Alba, profundo conocedor de su obra.
  Allí se acordó publicar las conferencias, excelentes trabajos de los participantes, por parte del Rector de la Universidad y el presidente de la Fundación Mediterráneo, institución patrocinadora del evento. Un mes después, el libro estaba dispuesto para entrar en máquinas y ver la luz de la publicación.
  Pero los manes de las crisis y otras circunstancias, dieron al traste con los buenos propósitos. Y los trabajos y los día dieron la conformidad a Hesiodo, mucho más por el transcurso de los días sin amanecer, que por la bondad de los muchos trabajos que componen la peculiar historia.
  Corramos un tupido velo sobre la formidable y espantosa máquina de lo administrativo y burocrático, incluída la universidad, bastante adormecida y anquilosada como institución, que poco valora las humanidades en este mundo tecnificado por la informática que, algunos bobos influyentes, consideran panacea universal sólo por el hecho de existir, desconociendo que es un gran invento sometido a la voluntad humana, como ha sucedido con todos a lo largo de la historia.
  En todo caso, entonemos el gaudeamus adecuado, pues hace unos días la joven responsable de la edición, como digo, me ha comunicado el final feliz de esta historia sorprendente. Espero, con ansiedad de joven profesor, tener el libro entre mis manos. Y en cuanto se produzca el milagro largo tiempo esperado, será un placer ponerlo en vuestro conocimiento.

domingo, 11 de octubre de 2015

Libros que llegan a la mesa

   A la mesa de trabajo, naturalmente, pues costumbre inveterada es que los editores hagan llegar sus publicaciones a los despachos de quienes damos clase a elevado número de alumnos. Diz que por generosidad y para ayudar a los asendereados profesores, cuyas universidades, de siempre, han dispuesto de pírricos dineros para tal menester, la compra de libros y otros elementos que pudieren sustentar un trabajo digno, considerando a los estudiantes y sus necesidades como elemento central de su atención y largas miras. Nunca lo dudé, pero también algo habrá de sutil implicación fenicia en el menester (nunca mejor dicho), por otra parte muy respetable y, si me apuráis, necesaria para el buen gobierno de la república o reinado de las ciencias y las artes.
   También los escritores de toda laya y condición suelen hacerlo. En general, con amables dedicatorias, no exentas de cierto halago,, más o menos elegantes y sutiles, dependiendo de la calidad de los libros que alcanzaron a redactar y componer.
   En todo caso, bienvenido sea este trabajo, tráfago y movimiento de libros por calles y plazas, por despachos, estudios y aulas. Que el buen paño ya no en el arca se vende, como parece que aconteción en pasadas épocas, según dicen los que no renuncian a la Arcadia feliz.
  Durante la última semana me han llegado una docena larga. ¿Tanto se publica en este país? No me extraña que los bosques anden temblorosos y preocupados por la supervivencia nemorosa. Y también los ecologistas, que alguno debe haber generoso de su tiempo y su trabajo, ajenos al doblón en bolsa, como suele ser corriente y habitual en estos tiempos que nos toca vivir.
  En esta ocasión, y aprovechando el día de la Hispanidad, he dejado a la puerta de mi descho medio centenar de acumulados libros, no todos buenos, aunque algunos excelentes, para el mejor fín que para ellos imagino: que los recojan los esudiantes y los llevan a sus estanterías, quiz.a no muy repletas.

sábado, 3 de octubre de 2015

Inesperada biblioteca

He pasado unas cortas vacaciones en Extremadura. Mi mujer era la única región española que no conocía y le ha gustado mucho la tierra, el austero paisaje de media montaña y dilatadas llanuras para las espigas de cereales, así como verdes dehesas para la cría de cerdos pata negra, toda la piel oscura y peculiar configuración de cabeza y hocico prognato. Las gentes, muy amables, picando en lo servicial digno.
  Hemos habitado una casa de planta baja, muy antigua, pero especialmente preparada para el menester , restauración moderna y funcional. Lo hemos pasado bien, relajados y gozando de silencio y tranquilidad.
  Pero lo más sorprendente ha sido la biblioteca que hallamos en una leja del salón, veinticinco libros variados, entre los que cabe destacar media docena de calidad, no asequibles para lectores medios o simplemente aficionados a la lectura discreta.
  Debo decir que la dueña del mesón es persona culta, retirada del mundanal ruído de las grandes ciudades y que, hace años, decidió emplear su patrimonio en media docena de estas casas, restaurándolas adecuadamente para un turismo elevado, exigente, que no solo busca sol y mar. El acierto ha sido pleno, pues recibe solicitudes de numerosos países, incluídos Japón, Canadá y Australia.
  De ahí los libros y, también, otra buena colección de discos con música clásica y popular bien elegida.
  A estos niveles, la región ofrece paisaje austero, gentes acogedoras, profundas raíces de historia y arte, amén de gastronomía notable, no en vano este año Cáceres ostenta la capitaidad ineternacional de la buena mesa.
  Y ya que cito esta ciudad, su centro histórico es una maravilla que aúna iglesias y palacios excelentes, una vez que los castillos han pasado a segundo plano por razones obvias.
  Una pequeña anécdota significativa. Hemos visitado varios restaurantes, como es obvio. Y en el más frecuentado por sus buenas viandas, dos camareros, chico y chica, nos sorprendieron por el buen conocimiento que tienen de Gabriel y Galán. Habían leído "Los santos inocentes" de Miguel Delibes, que merecía ser extremeño, según dijeron, por lo bien que retrataba esta tierra. Incluso, ya en confianza, nos recitaron "El embargo". No está mal.